TEMPORERAS MARROQUÍES Y EXPLOTACIÓN LABORAL: LOS BRUTALES COSTES HUMANOS DEL "ORO ROJO"

Por Isabel Brito Cabeza, funcionaria pública, licenciada en Ciencias Biológicas, Máster en Tecnología Ambiental, Máster en Economía y Desarrollo Territorial e integrante del colectivo feminista Mujeres 24 horas

En estos tiempos de pandemia se viene reclamando más que nunca la necesidad de visibilizar y valorar los servicios esenciales. Entre ellos, uno de los más básicos es garantizar el suministro de alimentos. Así lo vienen haciendo las temporeras marroquíes que cada año llegan a Huelva para trabajar en la campaña de recolección de los frutos rojos.

Sin embargo, ahora que tanto se habla de Agenda 2030, parece que los gobiernos siguen olvidando la necesaria perspectiva feminista para el abordaje de objetivos como el trabajo decente y digno. El sistema de contratación en origen se arbitró como una fórmula para un control ordenado de la migración, y se ha convertido en un sistema que discrimina y contrata mujeres bajo parámetros nada justos ni igualitarios. Son mujeres con hijos/as a su cargo, con experiencia en agricultura, procedencia rural y que necesariamente tienen que estar casadas, divorciadas o viudas para poder ser contratadas. Son sometidas a un proceso selectivo en el que se les mira hasta las manos para comprobar si son idóneas para la faena, y por supuesto se garantiza que van a retornar, porque tienen suficientes ataduras en su país de origen para regresar.

Es un sistema de contratación sexista, que facilita que se produzcan situaciones de autoritarismo por parte del empresariado, abusos de poder e incluso sexuales. Este caldo de cultivo se alimenta también por el factor cultural, pues no conocen el idioma del país de destino, por lo que no pueden informarse con claridad de los contratos que firman, y en muchos casos son engañadas o mal asesoradas. Poco a poco y tras sucesivas reclamaciones van disponiendo de mediadoras que conocen su lengua, pero las inspecciones escasean y el servicio de mediación existente no es suficiente.

Por otra, parte la situación de sus alojamientos en las fincas agrícolas y el aislamiento respecto de los núcleos urbanos próximos no facilita su acceso a los víveres, ni tampoco a los servicios sanitarios, por lo que se suelen encontrar en situaciones de dependencia y vulnerabilidad frente a quienes quieran llevarlas o atenderlas, lo que ha generado situaciones de abuso o acoso.

 

Un modelo insostenible

La atención que reciben estas mujeres por parte de los sindicatos mayoritarios o incluso del Instituto  de la Mujer es prácticamente nula y los Ayuntamientos tampoco ponen a disposición recursos locales para su integración durante los meses en que desarrollan su labor de recolección. Ni siquiera han tenido la suficiente atención por parte del movimiento feminista, que no denuncia con suficiente contundencia las situaciones vividas por estas mujeres.

Desde algunos colectivos como Mujeres 24 horas estamos visibilizando la situación de los sectores esenciales más feminizados y precarizados, porque solo podremos avanzar en la igualdad desde el reconocimiento a la diversidad, a las múltiples formas de violencia y machismo ejercidas sobre las mujeres y reclamando el ejercicio rotundo de los derechos humanos más básicos. Con performances como esta, realizada en La Plaza del Punto de Huelva el 19 de junio de 2019 en el marco del "Congreso No Oficial de los Frutos Rojos", el colectivo intenta llevar la cuestión de la explotación laboral de las temporeras marroquíes al centro del debate público.  

La insostenibilidad del modelo agrícola de los frutos rojos tiene su máxima manifestación en la situación de desigualdad e injusticia a la que somete a las mujeres recolectoras y en las pésimas condiciones laborales y de vida que soportan. Un sector que exporta casi toda su producción a países de la Unión Europea y certifica sus productos como de máxima calidad tiene que dar ejemplo y sostener su beneficio en el trabajo digno y decente y en la igualdad. Si no, muy pronto el “oro rojo” solo será el reflejo del fracaso de una sociedad que deja atrás la mayor de sus riquezas, las personas.

 

La precaria situación de las temporeras marroquíes en Huelva está directamente relacionada con la feminización de la pobreza y con una economía capitalista en la que las mujeres somos el eslabón más débil. Sobre todo ello reflexionamos en el curso online "Economía feminista": https://perifericas.es/products/economia-feminista 

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