REVOLUCIÓN... PERO SOLO PARA ELLOS

Por Leyre Ovelar, estudiante de Trabajo Social en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e integrante del Talde Feminista de dicha universidad y de Estudiantes en movimiento (Eraldatu)

El siglo XVII es conocido como el siglo de la Ilustración o “Siglo de las luces”, pero también fue un periodo de sombras.

 En este contexto, en 1791, Olympe de Gouges impulsaba la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. En ella, afirmaba que “La mujer tiene el derecho a ser llevada al cadalso y, del mismo modo, el derecho a subir a la tribuna...”. Pagó cara su osadía: murió en la guillotina en el año 1793.

Un año antes, Mary Wollstonescraft escribió la Vindicación de los derechos de la mujer, considerada hoy en día una de las obras fundacionales del feminismo. Murió por una infección tras dar a luz a una niña.

Y es que mucho antes del comienzo del movimiento feminista tal y como lo entendemos hoy en día, un gran número de mujeres denunciaron la situación en la que vivían y los obstáculos que tenían que sortear en su cotidianeidad.

Con la llegada del Renacimiento se transmite el ideal del hombre renacentista en las artes y la política, y es cuando se inicia de manera más viva el debate acerca de la naturaleza y los roles de sexo. En ese debate las posturas eran diversas, pero ninguno de los varones que participaban en ellos dudaban de que las mujeres hubiesen de estar bajo el mandato masculino.

 

Libertad e igualdad solo para la mitad de la población

Aunque no lo hemos estudiado en el colegio, aquellos principios con los que la Ilustración y la Revolución francesa cambiaron la historia (libertad, igualdad y fraternidad), no tuvieron mucho que ver con las mujeres. De hecho, las francesas y las europeas en general no gozarían apenas de esos derechos que, en los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX, marcaron la transición de la edad moderna a la contemporánea.

El 28 de agosto de 1789, se proclama la Declaración de los Derechos del Hombre, cuyo título no podía ser más significativo a la hora de dirigirse únicamente a los varones. Ninguno de esos derechos mencionados en esta declaración fue reconocido para las mujeres.

Todo el cambio político que supone la Revolución francesa, por un lado, trae como consecuencia el nacimiento del feminismo y por otro, su rechazo y represión, un rechazo que en ciertos sectores sociales continúa hasta el día de hoy.

El nacimiento del feminismo  en ese contexto fue casi inevitable, porque hubiese sido un milagro que las mujeres no se hubiesen preguntado por qué ellas eran excluidas de la ciudadanía y de todo lo que esta significaba, desde el derecho a recibir educación hasta el derecho a la propiedad.

Y es que las mujeres no eran tan solo espectadoras, como pudiéramos imaginar tras la lectura de los libros de historia más convencionales. El feminismo ya nació siendo teoría y práctica. Además de los escritos de Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft, otras muchas en aquella época comenzaban a vivir de forma distinta, cuestionando su reclusión obligatoria en la esfera doméstica

 

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