¿POR QUÉ LAS MUJERES ESTAMOS SOBREMEDICADAS?

Por María Amparo Goasestudiante de Trabajo Social y Criminología en la Universidad Pontificia de Comillas y con un curso de Género y Sexualidad con la British Columbia University

El hecho de que los hombres no expresen muchas veces cómo se sienten, por la socialización recibida, mientras que las mujeres seamos más abiertas a la hora de pedir ayuda también nos ha relacionado tradicionalmente con la debilidad, como si pedir ayuda cuando la necesitases fuese algo a evitar, y el objetivo fuese sufrir sin molestar hasta que no podamos más, como se les exige a los hombres. Es por esto que nosotras muchas veces somos vistas como personas “quejicas”, a las que es preferible acallar.

El sistema de salud mental, al igual que la sociedad en general, se articula desde una óptica patriarcal, y es por esto que las mujeres que piden ayuda para lidiar con problemas de salud mental suelen ser vistas como una molestia.

Los roles de género y la socialización recibida deriva en que, en general, nosotras no tengamos problemas en expresar los malestares que sentimos. Sin embargo, la óptica paternalista con la que se nos asiste influye en que se minimicen nuestras demandas expresadas y nuestra participación en la toma de decisiones vinculadas a nuestra propia salud.

De esta forma, tenemos mayor facilidad  que los varones para acceder al sistema de salud mental, puesto que no se criminaliza el hecho de que necesitemos pedir ayuda, pero, por el contrario, no se escucha nuestra voz una vez que damos el paso de expresar aquello que nos incomoda.

A pesar de que la medicación es indispensable para tratar ciertos problemas de salud mental, sobremedicar a los y las pacientes puede producir efectos contrarios a los que se desea y, en ocasiones, vulnera el derecho a la participación de la persona en la toma de decisiones que afecten a su proceso de recuperación.

 

El género, factor de riesgo en la salud mental

¿Cuál es la explicación de que las mujeres consumamos mucha mayor cantidad de antidepresivos que los hombres? Lo cierto es que no se trata de una variable biológica, sino social. El género, y más concretamente pertenecer al género femenino, es un factor de riesgo para acabar siendo sobremedicada cuando se tratan problemas de salud mental.

Las mujeres estamos socializadas para cuidar a nuestro entorno, pero sin embargo, hay veces que, de tanto cuidar al resto, olvidamos cuidarnos a nosotras mismas. De esta forma, muchas cuidadoras se ven sobrepasadas por las responsabilidades que han asumido, producto de la jerarquía patriarcal que les aboca a dar todo por el otro.

Las mujeres muchas veces nos vemos sobrepasadas por las responsabilidades que asumimos en nuestro día a día: muchas trabajan una jornada completa y, al llegar a casa, se encargan de la mayor parte de las tareas del hogar. Las mujeres tenemos un trabajo a tiempo completo, fuera y dentro de hogar, lo que hace que nos planteemos si la aparición de ciertas enfermedades mentales puede estar relacionada con esa asunción diferencial de responsabilidades.

Por otro lado, el paternalismo institucional con el que se nos trata en todos los ámbitos sanitarios también se ve reflejado durante la asistencia en salud mental. Las mujeres con dificultades relacionadas con la salud mental se ven desprotegidas frente a una sociedad que constantemente nos minimiza e ignora nuestras peticiones. De esta forma, sobremedicarlas es una salida para abordar el problema y tener “calmada y controlada” a aquella que demanda ayuda.

Los trastornos de salud mental constituyen una realidad lo suficientemente estigmatizante por sí misma: muchas personas tienen miedo de alzar la voz y pedir ayuda por miedo a la repercusión social que va a existir una vez tengan la etiqueta de “enfermo” o “enferma”.

De esta forma, al estar la salud mental estigmatizada, es probable que las mujeres con ese tipo de problemas se encuentren en una situación de doble vulnerabilidad: por su pertenencia al género femenino y por el propio problema de salud con el que se encuentren lidiando. Las vulnerabilidades se suman y entrecruzan entre sí, generando todo un gran complejo social que las discrimina de múltiples formas.

 

La sororidad es una herramienta clave en la lucha por nuestro bienestar mental. Te invitamos a leer sobre ello en este otro artículo del blog: https://perifericas.es/blogs/blog/la-importancia-de-la-sororidad-para-el-bienestar-mental

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