PÓNTELO, ¿PÓNSELO? MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS Y ROLES DE GÉNERO

Por María Amparo Goasestudiante de Trabajo Social y Criminología en la Universidad Pontificia de Comillas y con un curso de Género y Sexualidad con la British Columbia University

Existe una amplia gama de métodos anticonceptivos: los preservativos (tanto para penes como para vaginas), que son también un método de barrera, lo que los hace los únicos que previenen el contagio de enfermedades de transmisión sexual; los anticonceptivos hormonales, entre los que se encuentran las píldoras, el anillo vaginal, el anticonceptivo inyectable, los parches hormonales, el DIU hormonal y el implante subcutáneo; métodos anticonceptivos no hormonales como el DIU de cobre y los espermicidas y la cirugía esterilizadora.

A pesar de que la lista es extensa, los únicos métodos anticonceptivos que están diseñados para hombres son los preservativos y la cirugía esterilizadora (vasectomía), de forma que el resto están orientados exclusivamente hacia las mujeres. De hecho, el preservativo y la cirugía también existen como anticonceptivos para nosotras.

Las mujeres tenemos mucha mayor variedad de métodos anticonceptivos a pesar de que, por el ciclo reproductivo y las diferencias biológicas entre sexos, la responsabilidad anticonceptiva como prevención ante embarazos no deseados debería recaer en mayor medida sobre los varones. Una mujer puede quedarse embarazada una vez al año, aproximadamente, mientras que un hombre podría dejar a tantas mujeres embarazadas como relaciones sexuales diferentes pueda tener.

Las alternativas hormonales solo existen como opción de toma para mujeres, provocando así que la responsabilidad de anticoncepción, en parejas heterosexuales jóvenes que no desean usar preservativo, recaiga en ellas, ya que los jóvenes, por lo general, no se plantean esterilizarse con cirugía.

Por otro lado, estos métodos hormonales de anticoncepción se encuentran con un uso completamente normalizado entre mujeres. De esta forma, nos medicamos con un cóctel hormonal para evitar embarazos no deseados.

Básicamente, los anticonceptivos hormonales modifican los niveles normales de estrógenos, progesterona y otras hormonas, de forma que existe todo un abanico de efectos secundarios asociados a su uso.

 

 

La responsabilidad ante embarazos no deseados

Las mujeres tenemos la responsabilidad de cuidarnos, mientras que a los hombres lo máximo que se les exige es que se pongan un preservativo, y en muchas ocasiones ni eso, por lo que las mujeres debemos ser las que nos aseguremos que el hombre no “nos deja embarazada”, incluso renunciando a nuestra salud, por todos los efectos secundarios asociados a los anticonceptivos hormonales.

No se puede exigir responsabilidad compartida en la prevención de embarazos no deseados si los métodos anticonceptivos no se encuentran apenas diseñados para el uso masculino. Desde la investigación se nos deja a las mujeres la carga de cuidarnos, puesto que no se desarrollan métodos que fomenten la igualdad entre géneros en la asunción de responsabilidades de autocuidado.

Esto genera un imaginario desigual, en el que, como sociedad, permitimos que los hombres se desentiendan en mayor medida del uso de métodos anticonceptivos, relegándoles a un papel completamente secundario, excepto en el caso del uso del preservativo.

Se han elaborado una serie de campañas para fomentar el uso de métodos anticonceptivos a nivel estatal; sin embargo, el acceso a anticonceptivos se encuentra completamente sesgado en base al género.

Que la responsabilidad de cuidarse de embarazos no deseados recaiga sobre las mujeres no es una situación que se explique mediante teorías científicas, sino por una división social en la asunción de responsabilidad por género.

Al ser las mujeres las mayores interesadas en evitar los embarazos no deseados, la anticoncepción ha recaído en mayor medida sobre ellas. La responsabilidad social de los y las menores fruto de embarazos no deseados recae siempre sobre nosotras, en comparación con los hombres, que tienen mayor facilidad para desentenderse de ello.

De esta forma, se ha conseguido una sociedad que relega la responsabilidad de las figuras masculinas, lo que comporta que las mujeres sean las encargadas de asumir de forma sistemática una madurez sexual más temprana respecto al autocuidado.

 

 

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