NO ES UNA PRUEBA DE AMOR, ES VIOLENCIA

NO ES UNA PRUEBA DE AMOR, ES VIOLENCIA

Por Alba Tamara Gómez, licenciada en Economía, técnica de personas y generación de talento

A menudo, las víctimas de abuso psicológico perciben que su dolor no es válido porque no hay un golpe físico que lo demuestre. Sin embargo, la violencia de pareja no se manifiesta únicamente de forma corporal. Las supuestas "pruebas de amor" que en realidad son conductas de control y acoso (tales como la manipulación, los celos constantes, las amenazas y el chantaje) son formas de maltrato que buscan subyugar a la pareja. Comportamientos enmascarados como "muestras de afecto", entre ellos la prohibición de trabajar o de mantener vínculos sociales o las amenazas repetidas de divorcio o abandono, son en realidad dinámicas de poder y control destinadas a generar dependencia.

El mito de la “buena mujer”, basado en construcciones de género tradicionales, implica que muchas víctimas soporten y sobrevivan por mucho tiempo situaciones de violencia en sus propios hogares o noviazgos, asumiendo incluso la culpa de los conflictos relacionales. En numerosos casos, estas actitudes violentas no son identificadas como tales ni por quien las ejerce ni por quien las padece ni por el entorno, al ser confundidas con expresiones de amor, interés o protección. El maltrato psicológico, habitualmente silencioso o silenciado, resulta devastador para la salud de la persona que lo sufre.

En mayo de 2016, este fenómeno cobró visibilidad global cuando la escritora Zahira Kelly lanzó el hashtag #MaybeHeDoesntHitYou (#QuizásÉlNoTePegue), que en cuestión de días se volvió tendencia mundial, permitiendo a miles de mujeres denunciar dinámicas de abuso emocional que anteriormente permanecían invisibilizadas.

Las personas maltratadoras son generalmente intolerantes, controladoras y autoritarias, a pesar de mostrarse encantadoras en las fases iniciales de la relación o ante terceros. Presentan pensamiento dicotómico – o todo está bien o todo está mal, no existe término medio- y una profunda inseguridad que deriva en celos tóxicos. A medida que aumenta la confianza con la otra persona surgen comportamientos autodestructivos y manipuladores. Además, es común que la persona maltratadora  se muestre ofendida o indignada al ser confrontada, buscando con esta actitud (y logrando mayormente) que sea la víctima quien acabe disculpándose. Para establecer el control, recurre a diversas tácticas: 

 

Violencia psicológica:

Se plasma en celos desproporcionados o insinuaciones constantes sobre supuestas infidelidades de la pareja, así como en culpar a terceros de estar en contra de la relación. A menudo este tipo de violencia emplea descalificaciones, apodos hirientes y críticas constantes de la persona con el fin de hacerla sentir inútil, por ejemplo respecto a su vestimenta. Llega hasta el punto de organizar el tiempo libre de su pareja, empleando la manipulación emocional para culparla, mientras la persona agresora adopta el rol de víctima. El maltratador controla con quién habla su pareja, revisa sus pertenencias personales y, en defintiva, la aísla de amigos y familiares, incluso con amenazas de ruptura o de autolesión, del tipo: “si me dejas, me mato”.

 

Acoso:

Pasa por vigilar a la persona y/o seguirla físicamente, pero también por el envío incesante de mensajes o las llamadas sin pausa. Se manifiesta en el control exhaustivo, desconfianza e interrogatorios constantes y solicitud de explicaciones detalladas de las actividades diarias, que llegan hasta revisar el correo electrónico, las redes sociales o a exigir contraseñas y localización geográfica en tiempo real.

 

Luz de gas o gaslighting:

Es una de las tácticas de manipulación más insidiosas porque ataca la herramienta más básica que tiene un ser humano: su propio juicio.

El objetivo es que la víctima pierda el sentido de la realidad mediante diversos mecanismos, como negar hechos ocurridos para generar dudas sobre la memoria de la víctima, desestimar sentimientos mediante frases como "eres demasiado sensible" o "todo te lo tomas a pecho", desplazando el problema hacia la reacción de la víctima y no hacia el abuso en sí y también pasa por acusar a la pareja de las propias conductas del agresor (como la infidelidad), para que la pareja sea quien se tenga que defender en lugar de cuestionar la conducta agresora. Puede también usar la supuesta opinión de aliados con afirmaciones del tipo "todo el mundo piensa que estás mal de la cabeza”.

Como consecuencia de esta exposición prolongada, es común que la victima suela pedir perdón por todo (aunque no haya hecho nada) y padezca confusión mental o dificultad para tomar decisiones al no confiar en el propio juicio.


Sabotaje financiero:

Se manifiesta en elementos tales como el control del acceso al dinero, el impedimento del desarrollo laboral de la pareja o la obbstrucción de cualquier proyecto personal o profesional de la víctima.

 

Violencia sexual:  consiste en la presión para mantener relaciones sexuales sin consentimiento pleno u obligación de realizar actos sexuales no deseados.

 

El impacto de estas conductas es profundo y persistente, aunque no estemos hablando de violencia física, que resulta la más fácilmente detectable. El miedo a las represalias, la vergüenza social, el desconocimiento legal y el temor a la revictimización actúan como barreras críticas que impiden la búsqueda de ayuda profesional y la interposición de denuncias. La ausencia de una intervención temprana agrava el deterioro físico y psicológico, incrementando el riesgo de aislamiento total, las posibilidades de suicidio o de futuras relaciones abusivas, pues el maltrato no siempre deja marcas físicas, pero sí cicatrices profundas.

El abuso no empieza con un ojo morado; empieza con el abandono de la identidad propia para evitar que la pareja no se enfade.

 

La violencia de género tiene un impacto directo en la salud mental de las víctimas, como comentábamos en este otro artículo: https://perifericas.es/blogs/blog/salud-mental-y-violencia-de-genero-el-impacto-psicologico-en-las-victimas

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.