LAS FIESTAS DEL CONSUMO, ALIANZA ENTRE EL CAPITALISMO Y EL CISHETEROPATRIARCADO

Por Molly Erin, estudiante de Psicología en la Universitat de Barcelona, actualmente especializándose en cuestiones de género, con especial atención a la salud menstrual y la sexología 

Llegan las fiestas de invierno, caracterizadas - en muchas culturas - por un aumento del consumo innecesario. Se incita a las personas - a través de campañas publicitarias y presiones sociales - a consumir bienes y servicios de manera insostenible, con la promesa de lograr así un mayor nivel de bienestar.

¿Y qué tiene esto que ver con el feminismo? El sistema capitalista de consumo y el cisheteropatriarcado son viejos aliados, partes de la misma maquinaria opresiva que rige nuestras vidas. Las violencias machistas - entendidas como aquellos actos que discriminan y someten a las mujeres y a toda persona que no responde a los modelos cisheteronormativos - no son un fenómeno aislado, sino que dependen de un marco de estructuras culturales, sociales y familiares que las justifican, legitiman y perpetúan.

El conflicto capital / vida es la base del capitalismo. Este sistema se caracteriza por explotar y destruir vida - humana y no humana - y por ser antropocentrista (basado en la supremacía de lo humano) y androcentrista (basado en la supremacía de los varones cis y los valores relacionados con la masculinidad tradicional). De esta forma, constituye un modelo de desarrollo centrado en la acumulación de beneficio que ignora - y atenta contra - la vulnerabilidad de la vida y nuestra dependencia del ecosistema y la comunidad global.

Mediante el modelo del triángulo vicioso de la violencia (introducido por Johan Galtung), podemos visibilizar las distintas dimensiones de la violencia machista sistemática que nos oprime. En este modelo, existen tres tipos de violencias: las violencias directas, que son visibles, intencionadas y fácilmente identificables; las violencias estructurales, que se ven reflejadas en las injusticias de las estructuras sociales, y las violencias culturales, que llevan a la interiorización de las anteriores como naturales, justas o necesarias en el imaginario colectivo. Estas tres violencias se retroalimentan y se refuerzan entre sí, generando estructuras e idearios sociales muy duraderos.

Si aplicamos este modelo al análisis del sistema capitalista (como se ha hecho en este estudio de la ONG Setem), vemos que este ejerce violencias estructurales - dando lugar a precariedad de las condiciones de vida, la feminización de la pobreza, la privatización de los servicios sociales, las hambrunas, el desempleo, etc - y retroalimentándose con las otras violencias ejercidas por su alianza con el sistema cisheteropatriarcal.

 

La respuesta desde los feminismos

A través de las violencias culturales, hemos interiorizado y normalizado la existencia de grandes desigualdades económicas y sociales que impiden cubrir las necesidades básicas de las personas. Los feminismos necesitan de un enfoque interseccional con tal de hacer frente a un sistema tan arraigado en el subconsciente colectivo.

Vemos que el capitalismo antepone el proceso de acumulación a la vida humana y no humana y lo hace en una preocupante alianza con el sistema patriarcal, invisibilizando y menospreciando las tareas de cuidado de la vida - históricamente delegadas a las mujeres. ¿Cómo podemos plantarle cara?

Se plantea desde los feminismos la necesidad de buscar formas alternativas de satisfacer las necesidades de las personas, en rebelión contra el discurso capitalista que nos adoctrina en el consumo como única forma de supervivencia y logro de la felicidad. Revaloricemos los aspectos no económicos de la vida, construyamos redes comunitarias y otorguemos a las relaciones interpersonales la importancia que se merecen. Descolonicemos nuestro imaginario capitalista patriarcal, planteemos nuevos valores que garanticen los derechos de todas las personas y la conservación del planeta que nos sostiene. Empecemos con pequeños cambios que, si se reproducen a nivel mundial, darán lugar a auténticas revoluciones.

En estas fiestas atípicas, optemos por valorar a las personas que tenemos cerca por encima de las cosas materiales. Impregnemos las celebraciones de feminismo.

¡Felices y feministas fiestas, compañeres!

 

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