LA SUPERWOMAN HA MUERTO: ¡QUE VIVAN LAS MUJERES REALES!

Por Mirian del Olmo, trabajadora social especialista en mediación y Máster en igualdad de género. Intérprete en lengua de signos y apasionada de la accesibilidad

En la antigua Grecia, para explicar los fenómenos naturales recurrieron a la inventiva explicativa a través de seres mitológicos. Si no diste cultura clásica en la ESO, te cuento que con la creación del Olimpo y de todas sus divinidades, estas explicaron el mundo.

A siglos vista, la humanidad no ha cambiado tanto: aquello que no se entiende, que destaca o que está fuera de lo común sigue atribuyéndose a fenómenos atípicos paranormales.

¿Estás ya ubicada? Quítate la capa del disfraz y desmontemos juntas el mito de la Superwoman:

A finales de este 2022 continuamos sin tener apenas referentes de mujeres dentro de los libros de textos de primaria, secundaria y bachiller de ninguna asignatura. Tampoco estamos presentes de manera mayoritaria en altos puestos directivos, carreras con grandes salidas laborales o deportes de masas.  

Mientras no tengamos espejos donde mirarnos seguirá siendo atribuida a la “magia” de cualquier superpoder el que una mujer avance en su carrera, atraviese el techo de cristal y se establezca como líder de una empresa, por ejemplo. Ahí estará la Superwoman sentada en el despacho de dirección, comiendo kriptonita baja en calorías (que, si a Superman le mata, a nosotras nos hace más fuertes). Nadie se cuestiona que un señor sea jefe, pero en cambio si la líder de un proyecto es una mujer, o tiene superpoderes o algo habrá hecho para estar ahí, porque si no ya me dirás.

Afortunadamente esto, como cualquier mito, se desmonta.

Debajo del disfraz de Superwoman hay una mujer de carne y hueso. Por ello, es importante que humanicemos y bajemos al mundo real, al que pertenecen, a todas las pocas jefas, directoras, ministras, presidentas, … que hoy en día están ejerciendo su cargo.

No se trata de una estirpe de amazonas de nuestra era, no, las Superwomen no existen. Igual que el director de la sucursal de tu banco o que el presidente de esa empresa, las señoras jefas, aunque pocas, son personas como tú y yo como yo, lo que pasa que a ellas, por ser minoría y por ser mujeres, se les atribuyen características inalcanzables para que no nos sirvan de referentes a la mayoría, al no pertenecer a la estirpe de “humanas mundanas”.  

 

Reivindicando lo que es nuestro

No hay un prototipo de mujer que alcanza el éxito profesional: afortunadamente, y por mucho que le haga sufrir al patriarcado, hay una diversidad enorme y una falta de patrones total en cuanto a directivas, jefas, presidentas, encargadas, coordinadoras, etc. Las Superwoman, al igual que Maléfica o Cruella de Vil, son seres inventados, encorsamientos del inconsciente imaginario colectivo, no existen.

Resultaría absurda esta aclaración en cuanto a hombres, porque nadie les ha cuestionado su derecho a ejercer el poder, a llevar el liderazgo sobre sus espaldas y a tener responsabilidad socioeconómica y empresarial. Pero siento que es importante y necesaria esta aclaración para enterrar el mito de Superwoman, porque aún no somos totalmente conscientes de nuestro merecimiento a nivel profesional, de unas condiciones dignas y de una estabilidad socioeconómica acorde con nuestras competencias, nuestra formación y/o nuestro expertise. No tenemos que seguir luchando el triple comparándonos con el esfuerzo de un hombre cualquiera, ni desear por Navidad capas y bodys de licra y brillibrilli.

Tenemos que reivindicar lo que es nuestro: es nuestro derecho el poder conciliar y el de los hombres el de hacerse cargo, es nuestro derecho el poder atravesar el techo de cristal sin que se nos acuse de arpías o se nos presente como una especie de ser  raro y mitológico. Es cuestión de justicia social.

Por eso resulta tan importante que nos miremos más a los ojos, viendo la valía profesional sana y mundana de nuestra coordinadora o compañera. A primeras ministras también las bombardean con preguntas machistas en ruedas de prensa, también les es difícil conciliar y también han tenido que esforzarse el triple en comparación con cualquier hombre para estar donde están. De nosotras depende que las generaciones venideras normalicen el ver a mujeres al mando de cualquier nave espacial.

 

La exclusión de las mujeres de puestos de poder sigue siendo, a pesar de los avances en feminismos, una realidad en nuestros días: https://perifericas.es/blogs/blog/la-exclusion-de-las-mujeres-de-puestos-de-poder

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