LA INTERSECCIONALIDAD, HERRAMIENTA CLAVE EN LOS PROYECTOS SOCIALES

LA INTERSECCIONALIDAD, HERRAMIENTA CLAVE EN LOS PROYECTOS SOCIALES

Por Sandra Román Luque, formadora y diseñadora de contenidos con más de diez años de experiencia en el ámbito social, acompañando a personas y organizaciones en procesos de cambio con enfoque feminista e inclusivo

El concepto de interseccionalidad fue acuñado en los años ochenta por la jurista afroamericana Kimberlé Crenshaw, quien señaló que las mujeres negras en Estados Unidos sufrían una discriminación particular que no podía entenderse solo desde el género ni solo desde la raza. Era precisamente la intersección de ambas lo que generaba una opresión específica invisibilizada por los discursos dominantes.

Desde entonces, el enfoque se ha ampliado. Hoy hablamos de interseccionalidad para comprender cómo diferentes ejes de desigualdad —género, clase, raza, discapacidad, orientación sexual, edad, origen migrante, entre otros— se cruzan en la vida de las personas. No se trata de sumar discriminaciones, sino de reconocer que cada combinación genera experiencias únicas y desafíos específicos.

Los proyectos sociales que no aplican esta mirada interseccional corren el riesgo de dejar fuera a quienes más apoyo necesitan. Pensemos en una iniciativa dirigida a “mujeres desempleadas”: ¿puede responder igual a una joven universitaria que a una mujer migrante sin papeles o a una madre con discapacidad? Si no se tienen en cuenta estas diferencias, esas acciones terminan beneficiando a unas pocas, mientras otras muchas quedan invisibilizadas. La interseccionalidad ofrece la posibilidad de identificar esas brechas y diseñar políticas más ajustadas a la diversidad real de la población.

Un ejemplo inspirador lo encontramos en los programas +ADELANTE y ADELANTE, impulsados en España por entidades sociales y financiados por el Fondo Social Europeo. En ellos, se ha trabajado específicamente la incorporación de la perspectiva feminista e interseccional en los programas de inserción sociolaboral con mujeres, reconociendo que las desigualdades no son homogéneas y que factores como la violencia de género, el origen migrante, el nivel educativo o la situación administrativa generan realidades distintas que requieren respuestas diferenciadas. 

 

De la teoría a la práctica

Aplicar la interseccionalidad en cualquier proyecto social requiere revisar todas sus fases:

● Diagnóstico participativo: más allá de estadísticas generales, implica recoger datos desagregados y escuchar a las personas afectadas. Herramientas como entrevistas o grupos focales ayudan a detectar obstáculos específicos.

● Diseño inclusivo: tras identificar a quienes suelen quedar al margen, se deben plantear medidas adaptadas. Por ejemplo, añadir clases de español en proyectos de formación para mujeres migrantes.

● Ejecución flexible: los equipos deben ser capaces de adaptar las acciones según contextos cambiantes, incorporando sensibilidad cultural, accesibilidad y escucha activa.

● Evaluación integral: no basta con medir cuántas personas participan. Hay que analizar quiénes lo hacen, cómo valoran la experiencia y si realmente se redujeron desigualdades.

 

Como ejemplos concretos de la relevancia de la interseccionalidad a la hora de examinar casos concretos podemos pensar, por ejemplo, en cómo las mujeres indígenas enfrentan no solo desigualdad de género, sino también discriminación étnica y territorial o teniendo en cuenta que no  es lo mismo ser joven migrante, trans o vivir en un barrio periférico. Una mirada interseccional evita generalizaciones que borran esas realidades.

Este enfoque interseccional en los proyectos sociales, no nos engañemos, exige más recursos, formación y tiempo. Además, puede incomodar a estructuras que prefieren intervenciones homogéneas y rápidas. Otro riesgo es que la interseccionalidad quede reducida a un eslogan vacío: nombrarla en un proyecto para obtener financiación sin traducirla en metodologías, indicadores ni compromisos reales. Aun así, los beneficios superan los retos: proyectos más efectivos, inclusivos y socialmente legítimos

Y es que la interseccionalidad nos recuerda que las luchas no están aisladas. El feminismo se enlaza con la defensa de los derechos laborales, con la lucha antirracista, con la reivindicación de las personas con discapacidad o con las causas ambientales. Entender estas conexiones permite generar alianzas más sólidas y evitar discursos excluyentes.

La interseccionalidad no es solo teoría: permite iluminar realidades que suelen quedar en la sombra. Este análisis confirma que, sin un enfoque interseccional, proyectos sociales y de cooperación corren el riesgo de invisibilizar a quienes más necesitan apoyo.

La interseccionalidad es clave para luchar contra las desigualdades en ámbitos muy diversos. Por ejemplo, a la hora de abordar la violencia de género: https://perifericas.es/blogs/blog/la-interseccionalidad-en-la-lucha-contra-la-violencia-de-genero-politicas-publicas-y-privadas

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