Por Estefanía Ros Cordón, criminóloga y consultora especializada en prevención de la violencia, compliance e igualdad de género. Es la fundadora de Ethikos & Compliance, desde donde asesora a entidades en la protección de menores y la gestión del riesgo en entornos educativos y empresariales
El feminismo ha evolucionado en distintas olas, cada una marcada por contextos históricos, reivindicaciones específicas y estrategias de lucha propias. Mientras que las primeras se centraron en la obtención de derechos fundamentales como el sufragio o la igualdad jurídica, las más recientes han ampliado su enfoque hacia la interseccionalidad, la lucha contra la violencia de género y la deconstrucción de las estructuras patriarcales. La llamada "quinta ola", en la que nos encontramos inmersas actualmente, representa un nuevo paradigma en esta evolución, con características que la diferencian de sus predecesoras y que marcan un giro de la protesta a la acción estructural.
A diferencia de las anteriores, la quinta ola no se limita a un contexto geográfico determinado ni a una única agenda política, sino que es un movimiento se nutre de la conectividad digital y la globalización para articular un feminismo en red, que trasciende las fronteras nacionales y logra una mayor articulación entre luchas locales e internacionales.
Este enfoque digital ha permitido que movimientos como el #MeToo, Ni Una Menos o la Marea Verde en Latinoamérica tengan un alcance global y generen impactos en ciertas políticas públicas gracias a su capacidad de organización descentralizada, lo que la hace una ola menos vulnerable a los liderazgos únicos y más difícil de desarticular.
Un rasgo distintivo de la quinta ola es su énfasis en transformar las estructuras de poder y no solo en visibilizarlas. Mientras que la cuarta ola se centró en la denuncia pública del acoso y la violencia de género, la quinta ola busca incidir en políticas públicas, leyes y estructuras institucionales para garantizar cambios sostenibles en el tiempo.
Esto se refleja en la incorporación de conceptos como la nueva masculinidad y el cuestionamiento de las jerarquías de género en todos los ámbitos de la sociedad. Dicho cuestionamiento invita a repensar el papel de los hombres en la lucha feminista y su responsabilidad en la erradicación del machismo estructural. A diferencia de olas anteriores, la quinta no solo busca la equidad desde el feminismo, sino que también interpela a los hombres a adoptar una postura activa en la transformación social. En esta nueva etapa del feminismo se plantea la necesidad de trabajar en una "nueva masculinidad" que desactive los privilegios patriarcales y fomente una cultura de equidad real, lo que implica un cambio de paradigma en la educación, el mundo laboral y la esfera política.
Otro elemento diferencial es la centralidad de la interseccionalidad, pues no solo denuncia la discriminación por razón de género, sino que también enfatiza la importancia de abordar otras formas de opresión, como el racismo, la xenofobia, la transfobia y la desigualdad económica. Según un análisis de Newtral, esta ola "no solo mira el género, sino que también atiende a la clase, la etnicidad y otros factores que configuran la opresión en la sociedad contemporánea", alejándose de visiones universalistas del feminismo y adoptando una postura más inclusiva y plural.
Algunas propuestas para el cambio
Si bien las protestas y movilizaciones siguen siendo parte fundamental de la lucha feminista, la quinta ola ha dado un paso más allá, enfocándose en la acción política y estructural. Esto se traduce en iniciativas concretas, que van desde las reformas legislativas para garantizar la igualdad salarial, los derechos reproductivos y la protección contra la violencia de género hasta la lucha por una educación en igualdad desde edades tempranas, con currículos que incluyan estudios de género y prevención de la violencia machista.
La quinta ola apuesta también por fomentar la revisión de las políticas empresariales para erradicar la discriminación de género en los espacios laborales, así como por la acción desde los gobiernos locales y nacionales a la hora de implementar políticas con perspectiva de género en todas las áreas de gestión pública.
En este nuevo contexto, el reto ya no es solo visibilizar las desigualdades, sino erradicarlas desde la raíz, transformando los espacios de poder y las estructuras sociales que las perpetúan.
Para comprender mejor el contexto en el que surge lo aquí expuesto, puedes leer el artículo de nuestro blog “¿Estamos ante una cuarta ola del feminismo?”, en el que se exploran las características de dicha ola, su impacto en la sociedad y los debates sobre la posible transición hacia una nueva etapa del movimiento feminista: https://perifericas.es/blogs/blog/estamos-ante-una-cuarta-ola-del-feminismo