¿TAN PELIGROSAS SON MIS TETAS?

Por Molly Erin, estudiante de Psicología en la Universitat de Barcelona, actualmente especializándose en cuestiones de género, con especial atención a la salud menstrual y la sexología 

En el momento en que aceptamos los significados culturales impuestos por el mandato del género binario, nuestro cuerpo deja de ser un cuerpo. Se convierte en un objeto socialmente construido, saturado de etiquetas y significantes que le son otorgados por el imaginario colectivo; sexualizado, censurado, violentado. Un objeto que puede ser usado, consumido, desechado, según los intereses del sistema patriarcal y capitalista. Nuestro cuerpo ya no nos pertenece, es un bien del Estado y será este quien decida cómo lo mostramos, cómo lo gozamos y cómo lo habitamos.

Si resulta que nuestro cuerpo es leído socialmente como cuerpo de mujer, los usos que le son permitidos serán muy distintos que si es leído como cuerpo de varón. La censura y todos sus agentes empiezan a actuar durante la niñez - etapa vital en que el dimorfismo sexual es casi inexistente - y se aceleran con la llegada de la pubertad - etapa en que comienzan a apreciarse los rasgos físicos que han sido asignados como caracteres sexuales secundarios. Las criaturas socialmente codificadas como niñas comienzan a recibir presiones para usar sujetadores y tops de biquini al llegar a la preadolescencia, muchas veces antes siquiera del desarrollo de sus pechos. Los mecanismos sociales de la vergüenza y la censura establecen unos significantes culturales alrededor de los cuerpos de las niñas, mujeres y disidencias que van a condicionar nuestras formas de pensar, hablar y actuar.

 

Los pechos femeninos como "armas de destrucción masiva"

Mediante estos dispositivos de censura, los pechos femeninos dejan de ser pechos. Ellos - formados por glándulas mamarias y pezones, igual que los pechos masculinos - adquieren un conjunto de significantes sexuales y políticos que los convierten en armas de destrucción masiva, capaces de causar un escándalo y desencadenar toda una sucesión de castigos sociales (y legales) para las personas que se atreven a mostrarlos.

¿Por qué los pechos femeninos, y no los pies, el ombligo, los codos? ¿Cómo se llegó a decidir que los pechos femeninos eran altamente sexuales, provocativos, eróticos, peligrosos? ¿Cuándo los pechos femeninos se convirtieron en símbolo de la sexualización - y consecuente opresión - de los cuerpos codificado como mujeres?

En palabras de Patricia Luján, autora del libro “¡Pechos fuera!”: «Una teta es una teta. Como una oreja es una oreja o un hígado es un hígado. Y, sin embargo, cuando una teta se deja ver, se genera un momento incómodo. ¿Cuándo se convirtieron las tetas en algo violento? ¿Por qué se convirtieron en algo violento? Violencia es que te toquen una teta sin permiso o que te viole una manada. Violencia es que te miren porque las tienes grandes o porque las tienes pequeñas. Violencia es que a alguien que come en un restaurante le moleste que des de comer con el pecho a tu bebé. Violencia es que decidas no reconstruir tus pechos después de un cáncer de mama y te conviertas en una rara asimétrica. Violencia es que las revistas dicten cómo deben ser nuestros cuerpos. Violencia es que la publicidad utilice nuestros pechos como reclamo para vender más, siempre más. Violencia es que el capitalismo nos sexualice, discrimine y nos convierta en mercancía para ser usada y consumida. Violencia es que te vendan que debes aumentar tus pechos para ser más mujer y así gustar hasta el infinito y más allá. Violencia es que un escote (¡mírame a los ojos!) no sea apto para ir a una oficina o para estar sentada en un aula. Violencia es que tengas que ponerte estrellas, emojis o garabatos para ocultar tus pezones en Instagram. Todo esto (y mucho más) es violencia. Pero una simple teta no, no es violencia».

El peligro - para los medios de comunicación, para las redes sociales, para el capitalismo y para los señoros que reportan fotos nuestras en que sale un pezón - no está en nuestras tetas, sino en nuestra capacidad de agencia. No entra dentro de los intereses de las estructuras patriarcales que las mujeres mostremos libremente nuestro cuerpo. Con tal de seguir sacando beneficio de él, necesitan que nos ocultemos para poder utilizar nuestra imagen solamente cuando les favorece económicamente. Ellos necesitan tener el control sobre los cuerpos de las mujeres y disidencias, para mantener estables sus dispositivos de regulación de la sexualidad y sus estructuras de poder. Necesitan dictar cuándo, cómo y dónde nos sacamos las tetas, para cobrar a la mirada masculina heterosexual por el privilegio de verlas. Necesitan mantenernos sexualizadas, atemorizadas, escondidas, sumisas.

Está en nuestras manos retomar el control sobre nuestros cuerpos. Debemos reclamar el derecho de utilizar nuestras tetas cómo y dónde queramos - ya sea para amamantar a nuestres hijes, tomar el sol, obtener placer o estar cómodas sin sujetador. Nuestras tetas serán - o no - armas de destrucción masiva del patriarcado, según nuestros propios términos.

 

La reflexión en torno a los estereotipos sore el cuerpo está muy presente en nuestras masterclas feministas: https://perifericas.es/collections/masterclass

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