SORORIDAD EN EL PUEBLO: EL PODER TRANSFORMADOR DE LA UNIÓN LOCAL

Por Eley Grey, profesora de Historia y escritora feminista con sus obras Las mujeres de Sara, Todas están locas y Las niñas también juegan, libros que aúnan historias de protagonistas que han vivido discriminación, violencia o abusos solo por el mero hecho de ser mujeres. Puedes seguirla en https://eleygrey.wordpress.com/

 

Mujeres por la Sororidad es un proyecto instaurado en La Pobla de Farnals, un pequeño municipio de la provincia de Valencia (España), ubicado en la comarca de L’Horta Nord. La localidad tiene alrededor de 8.000 habitantes. La asociación está compuesta ahora mismo por seis mujeres de origen diverso, algunas nacidas en el mismo pueblo, otras procedentes de municipios del interior de la comarca y algunas venidas de Valencia capital. Todas ellas comparten crianza, vivencias, las mismas inquietudes y preocupaciones respecto a la situación de la mujer en la sociedad. Fruto de esta sinergia, se han unido en una asociación de carácter apolítico con el eje de la alianza femenina como base fundamental sobre la cual se asientan sus reivindicaciones. Desde su reciente fundación, en enero, han coordinado diferentes talleres de concienciación, cultivo de emociones positivas o escucha activa.

Las conocí hace apenas unas semanas. Fue una mañana, mientras llevaba a mi hijo a la escuela, cuando al cruzarme con ellas me dieron información y se presentaron. No voy a negarlo: me sorprendió la frescura con la que se dirigieron a mí. Este texto tiene un objetivo claro: darlas a conocer y demostrar que las mujeres de los pueblos pequeños también tienen poder, intenciones y capacidad de cambiar la realidad. Así nos lo cuenta en esta entrevista su presidenta, Rebeca Vivanco Giménez.

 

¿Quiénes sois “Mujeres por la sororidad”?

Somos un grupo de seis mujeres de procedencia variada, todas madres de niñas y niños de entre 0 y 5 años y con estudios superiores. En cuanto a las actividades que desempeñamos en nuestras vidas privadas, unas trabajan en el ámbito doméstico casi a jornada completa, otras trabajan en el ámbito productivo y la mayoría lo hacemos a doble jornada. Unas somos mujeres muy reflexivas, críticas y precavidas, otras somos más impulsivas y proactivas. Precisamente esa diversidad de perfiles es lo que hace que nos retroalimentemos y formemos un gran equipo

 

¿De dónde surge la idea de asociaros?

Una de las integrantes llevaba la idea en su cabeza y creyó que podría llevarla adelante ella sola. A pesar de su esfuerzo, no pudo concretar un proyecto definido y viable y contó su decepción a una amiga. De esta forma comenzó la cadena. Empezaron a consolidarse sus inquietudes de una forma más concreta y bajo un cuerpo específico: una asociación feminista.

 

¿Con qué dificultades os habéis encontrado?

El muro burocrático ha sido la mayor dificultad. Aunque la Ley Orgánica que regula el derecho de asociación nace de reconocer la importancia de estas entidades, llegar a constituirse es un trámite complejo. Las Administraciones Públicas deben ofrecer la colaboración necesaria a las personas que pretendan emprender cualquier proyecto asociativo y,  si bien es cierto que existe un teléfono de ayuda que ofrece el propio gobierno autonómico, se trata de un instrumento insuficiente. Ni siquiera el hecho de que una de nosotras sea licenciada en derecho nos ayudó a afrontar sin dudas todo el proceso. Como consecuencia, todavía estamos en trámite de inscripción, y eso implica no tener local, no poder tener una cuenta bancaria a nuestro nombre, y muchas otras vicisitudes.

 

¿Qué logros habéis conseguido hasta la fecha?

Poder poner en marcha el proyecto en sí ya es un gran logro. Ha sido una forma de dejar un poco de lado la teoría sobre situaciones cotidianas que molestan y crear un trampolín que sirva para señalar esas mismas situaciones y tomar conciencia. Otro logro ha sido iniciar contacto para consolidar una red de colaboración con diferentes organizaciones e instituciones. Sentimos que hemos crecido como mujeres. El hecho de pasar de la teoría a la acción social nos ha empoderado en su sentido colectivo.

 

Tras esta primera etapa inicial, ¿qué miedos o inseguridades habéis superado?

Sentir la empatía de asociaciones similares a la nuestra, de municipios cercanos, nos reafirmó en la idea de seguir adelante en este proyecto, dado que ellas, en sus primeros pasos, habían experimentado las mismas dificultades. Por otro lado, no podemos evitar sentir miedo a que nos encasillen en ideologías políticas, porque nuestro objetivo es luchar por la causa feminista y por ello cualquier persona, independientemente de sus afinidades, será bienvenida si comparte los mismos principios. También sentimos miedo al rechazo: tememos que desde la propia comunidad, el propio pueblo no acepte el proyecto.

 

Desde aquí cuentan con todo mi apoyo y admiración. También con mi comprensión, pues entiendo perfectamente su miedo al rechazo. Yo también vengo de un pueblo pequeño, de profundas tradiciones patriarcales e inamovibles. Pero con iniciativas  como esta, se abre una esperanza desconocida hasta la fecha para el movimiento de igualdad feminista.

En nuestra infancia, ya nos enseñan a rivalizar, y estas mujeres han preferido aliarse para reivindicar nuestros derechos y luchar juntas para acabar con los roles y estereotipos de género que se perpetúan en nuestras hijas e hijos desde edades muy tempranas.  Ellas quieren cambiar la sociedad desde la raíz para que las mujeres no sigan expuestas a situaciones injustas y para eliminar desde su nacimiento el germen de la violencia de género.

¡No estáis solas!

 

La conciliación de la vida personal, laboral y familiar es uno de los grandes retos de esta Asociación. Te ofrecemos un curso que te permite indagar en ella desde una perspectiva crítica y empoderadora: https://perifericas.es/collections/cursos/products/conciliacion-de-la-vida-laboral-personal-y-familiar

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