PROSTITUCIÓN Y FEMINISMO: REFLEXIONES SOBRE EL CONSENTIMIENTO

Por Joaquina Samaniego, Graduada en Publicidad y Relaciones públicas y Máster en Dirección en comunicación en la Universidad de Málaga. Investigadora en el campo de los estudios mediáticos de género y el análisis crítico del discurso.

La relación entre prostitución y feminismo continúa siendo sumamente polémica. Hay quienes dentro del movimiento defienden que la prostitución debería ser una salida laboral para las mujeres con pocas alternativas o que “desean disfrutar de su sexualidad libremente”. Si entendemos este trabajo como otro cualquiera, afirman, debería estar reglado y poseer unos derechos laborables estables. 

Sin embargo, creo que es complejo entender ciertos tipos de argumentos devenidos de la libertad sexual sin preguntarse primero si dichas aclaraciones no están cargadas de ideales liberales que terminan legitimando posibles discriminaciones entre sexos. Ya en 1921 Aleksandra Kolontái describió la prostitución como una oscura herencia capitalista sin cabida en una sociedad que luche por la igualdad social y económica. El debate, por tanto, no es nuevo, y hoy en día continúa en pleno apogeo. 

Cuando intentamos construir una sociedad basada en la igualdad creo que aclaraciones como la de Kolontái son claves para despojarnos de ideas que pueden llegar a ser injustas socialmente para las personas más vulnerables. Tal y como afirma la escritora Tasia Aránguez la prostitución no es un empleo cualquiera, pues no se vende la fuerza de trabajo o el servicio de una persona, sino a la persona y su subordinación, cuestión que me parece interesante para debatir. La filósofa Ana de Miguel, por su parte, reflexiona sobre el consentimiento de la mujer a la hora de practicar la prostitución, y concluye que con estos debates nos olvidamos de lo esencial: es el hombre el que busca satisfacer sus necesidades sexuales usando el cuerpo femenino. Nuestra ideología y forma de entender las relaciones que se establecen económicamente provoca que haya quien considere que sea lícita tal demanda. La facilidad con la que los varones pueden acceder y poseer a las mujeres daña, a gran escala, la forma en la que estos mismos entienden las relaciones y socializaciones con ellas, la igualdad y la reciprocidad sexual.

 

El debate político-filosófico en torno al consentimiento de la mujer

Sobre la prostitución se genera un debate donde se enfrentan dos posturas teóricas y políticas: una habla de normalizar la prostitución y la otra plantea modificar paulatinamente enfoques teóricos y económicos para lograr su desaparición.

Muchas de las personas que defienden la normalización de la misma lo hacen aliándose con la idea de que si prohibimos la prostitución tendremos más dificultades para entender y normalizar la industria del sexo. De acuerdo con esta perspectiva, deberíamos entender que quienes la ejercen son mujeres que gozan de una libre elección y que consienten realizar ese tipo de actividad.  Las regulacionistas consideran que el trabajo sexual es equiparable a otro tipo de actividades laborales, siempre que se ejerza de forma voluntaria y con los derechos garantizados. Piden que dejemos a las prostitutas hablar con el fin de que se termine de estigmatizar la profesión y que paremos de "victimizarlas". 

Por otro lado, tenemos el punto de vista de las abolicionistas, que afirman que si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo globalizado y discriminado económica y socialmente, especialmente por el género, ese “consentimiento” por el cual empezábamos este debate este truncado por las necesidades económicas de muchas mujeres que no disponen de los medios económicos básicos para su subsistencia. De acuerdo con esta perspectiva, la mujer no disfrutaría libremente de su sexo y su cuerpo, sino que estaría obligada a tener que realizar dichos actos para cubrir sus necesidades vitales. Las abolicionistas consideran además que, si entendemos que una mujer puede usar su cuerpo con tal fin, estamos legitimando que es un objeto más que puede ser vendido al mejor postor, sin tener en cuenta la autoconciencia del hombre ni la profunda brecha social que esto deja entre sexos.

Desde mi punto de vista creo que es complejo entender que puedan llegar a existir sociedades igualitarias y comprometidas en la creación y educación de valores nacidos del respeto sin comprender que los hombres están en una situación superior y que la prostitución, entre otras muchas actividades, es un claro ejemplo de ello.

 

 

 

El feminismo debe abogar por una visión libre y empoderadora de la sexualidad, en la cual la explotación de las mujeres no tiene evidentemente cabida:  https://perifericas.es/products/sexualidad-con-perspectiva-de-genero

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