LA HISTORIA NO CONTADA DE LAS MUJERES

Por María Amparo Goas, graduada enTrabajo Social y Criminología en la Universidad Pontificia de Comillas y con un curso de Género y Sexualidad con la British Columbia University

La historia de la humanidad, tal y como la conocemos, es en realidad la historia de los hombres. Estudiar el papel que las mujeres han tenido en ese relato histórico nos ayuda a entender que la supuesta ausencia femenina de la que tanto nos han hablado en los libros de texto y los colegios no es más que otra falacia que busca mantener un sistema desigual e invisibilizar las aportaciones femeninas en el arte, la economía o la política.

Esto fomenta la idea de que los hombres han tenido el dominio absoluto en las diferentes sociedades, algo que las recientes investigaciones históricas desde una perspectiva de género han puesto de manifiesto que no se trata sino de una interpretación sesgada de la realidad. Presuponer que los hombres han sido y serán las figuras de autoridad de todas las civilizaciones fomenta mantener el sistema de dominación de hombres sobre mujeres y tiene una base de pensamiento sesgado, en base a lo que se conoce y se considera “normal” en el momento actual (cuando, en realidad, deberíamos considerar la estructura social de cada momento histórico, los modelos de autoridad dominantes, las dificultades educativas o de acceso al ámbito público que entonces podían tener las mujeres…).

Es por ello que estudiar la historia de las mujeres como parte de la historia de la humanidad no solo es necesario sino indispensable para entender las diferencias de género que se producen en el momento actual. Hablar de la historia de la mujer de forma independiente a la del hombre también tiene un porqué, puesto que al existir una predominancia masculina en la historia en la que nos educan se genera la necesidad de estudiar de manera explícita las diferencias de género de las sociedades pasadas y de la sociedad actual.

 

La igualdad en el Antiguo Egipto

El dominio y el poder son una cuestión puramente social. A pesar de que la historia que nos han contado hasta tiempos muy recientes aparece marcada casi exclusivamente por el dominio masculino, lo cierto es que ya desde la Antigüedad existieron mujeres con enorme relevancia pública. Por ejemplo, en las sociedades egipcias ya existían mujeres que ostentaban el poder, considerándose que tenían los mismos derechos que los hombres y una identidad propia.

Egipto no solo es la cuna de una de las grandes civilizaciones a nivel arquitectónico, sino que las investigaciones más recientes han puesto de manifiesto también su carácter pionero en materia de igualdad, puesto que al investigar acerca de las tumbas que se encontraban y las historias de vida que ponían de manifiesto se podían observar mujeres escribas o médicos, lo que ha llevado a concluir que no existía una discriminación de género en las profesiones.

Las mayores diferencias de poder en esta sociedad se daban por la clase social a la que pertenecía la población. De esta forma, las diferencias de género no eran tales, sino que la sociedad se regía por un sistema similar al capitalista en el cual los estratos sociales más pudientes eran aquellos que tenían mayor poder en la sociedad.

No es hasta la llegada del Imperio Romano al Antiguo Egipto que las mujeres inician la pérdida de derechos, derechos que se han documentado, por ejemplo, en una oda a la diosa Isis en la que le reconocen el mérito de haber hecho el poder de la mujer igual que el del hombre.

Testimonios como este, y otros que la historia elaborada desde un punto de vista de género cada vez recuperan en mayor medida, nos obligan a ver nuestro pasado desde un punto de vista diferente, en el que la voz de las mujeres no está ausente, sino que se escucha con fuerza.

 

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