HOY LEEMOS "URBANISMO FEMINISTA"

Por Alba Peñasco, graduada en Filología Hispánica, Máster en Profesorado de Educación Secundaria y experta en género y coeducación

 

Para acercarnos a la obra Urbanismo feminista es recomendable conocer en qué consiste Col·lectiuPunt 6, la cooperativa formada por mujeres de diversas procedencias y disciplinas a cargo de este interesantísimo ensayo. Roser Casanovas, Marta Fonseca, Blanca Valdivia, Adriana Ciocoletto y Sara Ortiz forman su equipo de trabajo. Col·ectiuPunt 6 es un proyecto multidisciplinar nacido en 2005, tras la aprobación un año antes de la Ley de barrios de Cataluña, que establecía 8 puntos clave a desarrollar entre los cuales destaca el punto 6, del que ellas toman su nombre, la equidad de género en el uso del espacio urbano y los equipamientos. Esta cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas trabaja con el objetivo de transformar la realidad y las ciudades para adaptarlas a la medida de todas las personas y convertirlas en más justas, sostenibles y feministas.

En la propia obra, así como en su página web, señalan a la arquitecta Zaida Muxí, autora del prólogo, como una figura determinante en el proyecto, por ser la fundadora del colectivo y por el antes y después que supuso en 2005 su taller junto a Anna Puigjaner “La casa sin género”, donde varias de las integrantes de la cooperativa se conocieron y comenzaron esta andadura.

Urbanismo feminista ya en su propio título se constituye como una declaración de intenciones, un posicionamiento político claro, pues como ellas mismas afirman, no desean quedarse “en el análisis de las diferencias, sino erradicar las desigualdades”.  Para ello, comienzan realizando un ejercicio de retrospección muy necesario que consiste en el reconocimiento de las pioneras o referentes, poniendo el foco en la subjetividad, es decir, en cuáles han sido sus referencias para a partir de esta genealogía desarrollar el ensayo que tenemos entre manos.

Col·ectiuPunt 6 pone de manifiesto cómo la división sexual del trabajo durante la industrialización conllevó progresivamente la identificación y delimitación de los ámbitos espaciales masculino y femenino con el exterior e interior respectivamente. En este punto de la historia, los límites entre las actividades productivas y reproductivas pasaron a estar claramente diferenciados, relegando los cuidados al espacio privado y, por consiguiente, a las mujeres al ámbito doméstico.

Así se construye la dicotomía público-privado, íntimamente relacionada con el binomio masculino-femenino, y que directamente ha venido identificando el espacio exterior y público con lo masculino universal privando a las mujeres del derecho a la ciudad. Al no ser consideradas como sujetos en la planificación urbanística, las actividades que se nos han atribuido, es decir, las de la esfera reproductiva, se han invisibilizado y no han formado parte de la construcción de las ciudades que habitamos.

 

Reconstruyendo la ciudad para poner la vida en el centro

Urbanismo feminista nos revela una planificación que aparenta ser neutra, que aplica la “brocha homogeneizadora”, como ellas la denominan, pero cuyo objetivo es en realidad la construcción de productos estandarizados beneficiando así a solo una parte de la sociedad, puesto que toma como referencia al hombre y a los usos y actividades que el varón realiza en los diferentes espacios.

Esta visión ignora lo que para Col·ectiuPunt 6 debe ser la herramienta fundamental del análisis del tiempo y el espacio para la planificación, así como el método sobre el que trabajar: la vida cotidiana, a la que definen como el conjunto de actividades que realizamos las personas de manera rutinaria o eventual, es decir, ordinaria o extraordinariamente en la ciudad (hacer la compra, llevar a las criaturas al colegio, acudir al hospital…), y que son imprescindibles para la sostenibilidad de la vida.

Poner la vida cotidiana en el centro del urbanismo significa también incluir en la planificación otras variables que han sido ignoradas tradicionalmente o no se han aplicado atravesando realmente todos los procesos. Se trata de la perspectiva interseccional, la participación comunitaria de la ciudadanía  para poner en valor todas las subjetividades y formas de habitar y transitar los espacios y el trabajo con profesionales de distintas áreas (arquitectura, sociología, psicología, geografía, trabajo social, etc.). 

En Urbanismo feminista se nos abren las puertas a una ciudad cuidadora que pone la vida en el centro, que nos permite cuidar a otras personas y cuidarnos, poniendo en valor todas las experiencias. Una ciudad feminista será aquella en la que las personas sean las protagonistas, que sea segura, transitable y sostenible, con buena señalización, iluminación, con lugares amables que promuevan el apoyo mutuo y la socialización, en la que se reutilice y transforme, con vegetación, fuentes, bancos, sombras, baños públicos, espacios multiusos…

Cualquier lectora, experimentada en la materia o no, encontrará en este ensayo un lugar donde aprender, al revelarse ante ella todo un conjunto de experiencias, trabajos y proyectos que ponen en valor la interdependencia entre las personas y con el medioambiente, así como la horizontalidad y la empatía en nuestras ciudades.

 

"Habitar el espacio comunitario desde una perspectiva de género"  es el tema de una de nuestras Masterclass online: https://perifericas.es/collections/masterclass

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