HOY LEEMOS "LAS MADRES CONTRA LAS MUJERES"

Por Karima Ziali, licenciada en Filosofía y Máster en Investigación antropológica y sus aplicaciones. Actualmente está centrada en escribir su primera novela y colabora con diferentes publicaciones online con artículos centrados en las sociedades musulmanas europeas y la sexualidad dentro de estos contextos

En este ensayo Camille Lacoste-Dujardin cuenta cómo llegó a la precipitada conclusión de que la señora Lâali, una mujer francesa que rondaba los cincuenta años, de origen argelino y afincada en París, era sin lugar a dudas una mujer “moderna” y “europea”. Etnóloga de profesión, Lacoste-Dujardin se da cuenta de la superficialidad con la que a veces observamos los hechos. Una experiencia la llevará a profundizar en su forma de ver a Madame Lâali: la boda de su hijo Alí.

Entre la narrativa y el análisis antropológico, la autora nos sitúa en la cuestión del poder. ¿Dónde hay más poder, cuando este se ejerce sobre una misma o sobre uno mismo o cuando lo ejercemos sobre los demás? En el primer caso, hablamos de empoderamiento, en el segundo de dominio y control. Para Lacoste-Dujardin ambas cuestiones encuentran su respuesta a partir de las experiencias que le van descubriendo a su amiga bajo una nueva perspectiva.

Michel Foucault, en su Historia de la Sexualidad (1990), afirma que ahí donde hay relación, hay poder y dominio. Su intención es investigar el origen del poder y los dispositivos que lo sostienen. Lo hace desde diferentes campos, entre ellos la sexualidad. Para el sociólogo francés éste es un ámbito privilegiado desde el cual analizar el despliegue de las relaciones de poder, por la forma tan sutil e invisible que toman.

El libro que nos ocupa se sostiene sobre el mismo principio y trata de reflexionar sobre qué poder posee la mujer en un contexto patrilineal. Es decir, en un grupo donde los lazos y los vínculos están definidos porque todos los miembros se consideran descendientes de un mismo antepasado por línea masculina. De hecho, la tradición judeo-cristiana-musulmana parte de esta premisa: el gran padre Abraham simbolizaría muy bien esta “gran familia” monoteísta de la que heredamos nuestra forma de vertebrar los lazos familiares.

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En un contexto como este, ¿qué poder pueden tener las mujeres?, ¿hasta qué punto hay espacios de empoderamiento?, ¿ejercen acaso ellas algún tipo de control? En caso afirmativo ¿sobre quién o sobre quiénes? Tan solo a modo de apunte daremos algunas pistas sobre las que Lacoste-Dujardin nos invita a indagar.


¿La mujer al servicio del patrilinaje o el patrilinaje al servicio de la mujer?

Dice Lacoste-Dujardin que la primera relación de índole afectiva y emocional que un hombre mantiene es con una mujer, en tanto que madre. A lo largo de su ensayo esto será una premisa indispensable para entender qué formas va tomando la relación entre la señora Lâali y su hijo, Alí. Con el claro objetivo de organizar y celebrar la boda de su hijo, la señora Lâali invita a Lacoste-Dujardin a viajar con ella a la Cabilia argelina.

Desde este contexto, la autora observa el enorme contraste entre la mujer parisina, ataviada en modelos que simbolizan su modernidad, y la mujer que toma la directa para buscar una esposa válida para su hijo. Los principios estaban claros: debe ser una chica de buena reputación, ya que eso será una señal ineludible de que proviene de una familia honesta y fiable. Lacoste-Dujardin es concisa con los detalles y enseguida se da cuenta de que esto es un asunto de mujeres para las mujeres…aunque lo es sobre todo porque son mujeres-madres, más concretamente, porque son mujeres-madres de varones.

A medida que avanza el texto, se va perfilando algo que corrobora la idea de que Alí, el hijo de la señora Lâali, poco o nada tiene que decir sobre su boda. Ni tan siquiera el marido de nuestra protagonista tiene algo que aportar. La cuestión del honor efectivamente recae sobre la novia, que será la prueba andante de que el trabajo de preparación dentro del hogar se ha hecho bien. No obstante, sobre el hijo, sobre Alí, también recae una demostración de honor: la boda no es otra cosa que la prueba de amor del hijo a su madre. La novia es una suerte de mediación en esta relación madre-hijo.

El poder de la madre, es decir, la capacidad de ejercer el dominio y el control y así burlar el poder de los hombres sobre las mujeres, reside en que tiene bajo su influencia a algunos hombres, a saber, a sus hijos. Resulta chocante cuando Madame Lâali cuenta lo triste que se siente porque su primogénito había escogido a su mujer (francesa), casándose con ella sin que pudiera hacer o deshacer nada. A lo largo de la boda de Alí que sí puede manejar (su boda en cierto modo), los cantos de las mujeres, con un marcado carácter sexual, incitan y alientan la fertilidad del novio: “¡Oh hijo, haz la felicidad de tu madre, ofrécele ahora siete varones…!”.


La madre como figura de poder

Todo este poder tan solo es posible en la seguridad de estar dentro del seno patrilineal, es decir, solo cuando la mujer es madre de varones. Entonces pude hablarse de su empoderamiento y de su ejercicio de poder sobre los demás. Mientras la novia de Alí siga siendo una esposa, la nuera de la señora Lâali, no tendrá ni voz no voto; solo podrá ejercer su poder en su totalidad cuando desarrolle plenamente su función de madre. Esta será la única posición que le dará algún tipo de reconocimiento y privilegio.

Lacoste-Dujardin nos pone en una compleja posición. La única forma de asegurar la continuidad familiar está en que la madre prepare tanto al hijo como a la hija para entregarles en matrimonios que aseguren este patrilinaje. Lo hará de formas distintas: a ella le encomendará el hogar y le hará entender que su sexualidad es un peligro para la cohesión familiar. A él le copará de ternura y le hará entender que su agresividad es la única forma de proteger la unidad familiar. La conclusión de la autora apunta a las múltiples formas de reproducir el patriarcado y a cómo la mujer-madre lo estructura de forma esencial.

Lacoste-Dujardin trata de arrojar algo de luz sobre la nada fácil tarea de comprender la relación con la madre que marca profundamente nuestro trayecto vital. En este sentido, la escritora argelina Samia Benameur - más conocida como Maïssa Bey-, en su novela Sous le jasmin la nuit (2004), relata este vínculo desde un lugar lleno de belleza. Aquí, la futura madre habla en términos de “unión amorosa y sexual” a la hora de describir sus sensaciones; por contraste, en su marido anidan unos celos irrefrenables ante esa intimidad de la que se siente excluido. La maternidad se presenta en este caso como una oportunidad para comprender el poder desde un lugar distinto al dominio y al control. En todo caso, reflexionar sobre la figura de la madre se hace indispensable para acercarnos al papel que tenemos las mujeres en el juego de relaciones, definidas o no por el principio del poder. 

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2 comentarios

  • comentario

    Karima Ziali
  • Muy interesante y “correcto” el apunte reflexivo del final. Este sí que es el camino hacia el poder: la responsabilidad

    David

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