HOY LEEMOS "LA SECCIÓN FEMENINA EN LA PROVINCIA DE SAHARA"

Por Carmen V. Valiña,doctora en historia contemporánea y directora y fundadora de PeriFéricas 

 

El ensayo La Sección Femenina en la provincia de Sahara, publicado por Bellaterra en el recién acabado 2019, analiza la intersección entre género, colonialidad y poder que la presencia de esta organización implicó en tierras africanas.  Es, además, una obra en la que su autor, el investigador Enrique Bengochea Tirado, ofrece una aproximación a la breve historia de este organismo en las colonias españolas de África, desde su implantación allí en 1961 hasta su desaparición con la llegada de la democracia.

Se trata de un relato construido principalmente a través de fuentes de archivo (se echa en falta, en ese sentido, la presencia de testimonios de la época que pudiesen contar lo sucedido en primera persona), que trata de arrojar luz sobre la colonización española del Sáhara occidental durante los años sesenta y setenta del siglo XX, un periodo que el autor califica de “colonización tardía”. Lo hace partiendo de una premisa muy interesante desde el punto de vista de los estudios de género: la consideración de que la llegada de la Sección Femenina a esa zona implicó una tensión constante entre las privilegiadas mujeres de la metrópolis, que controlaban sus puestos de dirección, y las colonizadas, que solo en muy escasas ocasiones los alcanzaron. No en vano, frente a la imagen que difundía la colonización como una empresa exclusivamente masculina, lo cierto es que la participación femenina en la agenda colonial ha sido amplia: como misioneras, escritoras o activistas, esas mujeres sin duda contribuyeron, de una forma u otra, a diseminar toda una serie de ideas y acciones que favorecieron a la colonialidad y su discurso, como bien señala Bengochea al inicio de su ensayo.

 

Entre el adoctrinamiento y el empoderamiento de las saharauis

El papel de la Sección Femenina en todo este entramado colonial fue muy ambivalente: por un lado, la organización pretendía introducir un modelo femenino para las saharauis, ligado por supuesto a las cuestiones del cuidado del hogar y la familia que estaban en el corazón del ideario de esta entidad. Sin embargo, al mismo tiempo la incorporación de las mismas fue extremadamente lenta y complicada, y además, se situaba a las mujeres locales en una posición subordinada, en la que se destacaban sus “carencias” frente a ese ideal femenino de la metrópolis y se les impedía, además, acceder a altos puestos en la organización, liderada casi en su totalidad por españolas. Todo ello, obviamente, insertado en el discurso de la alteridad que fue característico de lo colonial.

Por otro lado, paradójicamente el hecho de que la organización falangista fuese intermediaria entre las saharauis y la administración colonial también les otorgaba un cierto margen de maniobra frente a esta, e impulsó la movilización de algunas mujeres en el movimiento nacionalista que, desde el Frente Polisario, se desarrolló fuertemente a partir de los años setenta, al haberles facilitado una serie de discursos y prácticas “respetables” para el colonizador, al menos en primera instancia. Dicho de otra forma, la Sección Femenina “se transformó en un espacio en el que negociar las jerarquizaciones del poder colonial y desafiarlo en sus propios términos”, tal y como afirma el autor. Pese a todo ello, la organización no supo dimensionar la activa participación de las saharauis en la movilización anticolonial, al haberlas presentado desde un principio como pasivas y sujetas a la voluntad de los hombres de su comunidad. Evidentemente, las dirigentes de la Sección Femenina en el Sáhara se vieron absolutamente sorprendidas por la entrada de las mujeres locales en el Frente Polisario y sus luchas desde el mismo inicio del movimiento. 

El ensayo concluye, a raíz de todos estos acontecimientos, que pese a que a la presencia de la organización falangista fue cuantitativamente poco importante en el territorio saharaui, cualitativamente fue muy relevante: representó allí al discurso de la metrópoli manteniendo su cáracter paternalista y por tanto jerarquizante pero al mismo tiempo, y de forma evidentemente no deseada, fue el caldo de cultivo para que ciertas voces de las mujeres locales configurasen un discurso y una acción que, partiendo del discurso colonial, lo acabó desafiando pocos años después para pedir la independencia de esos territorios. En la visibilización de esa ambivalencia radica el principal interés de esta obra, pertinente en su aproximación, por más que introductoria, a un tema aún muy poco abordado en la historiografía española.

 

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