GERONTOFOBIA Y GÉNERO O CÓMO INVISIBILIZAR A LAS MUJERES MAYORES

Por Mirian del Olmo, trabajadora social especialista en mediación y Máster en igualdad de género. Intérprete en lengua de signos y apasionada de la accesibilidad

Ángela Álvarez ganó el premio a mejor artista revelación en la última edición de los Premios Grammy Latinos. ¿Te enteraste del tipo de música que hace antes de saber cuántos años tiene? Yo no, pues cuesta encontrar un titular donde no venga su edad marcada bien grande y en negrita. Con 95 años, su galardón como artista revelación es un logro de ella y de todas las mujeres mayores, que supone un punto de inflexión creando una nueva referente para todas, cantándole al mundo entero que no hay fecha de caducidad para el arte. Ángela, como mujer y como señora, ha conseguido saltar muchas barreras. Por señora artista en el mundo de la música pero sobre todo por ser una persona mayor. El que este premio haya sido entregado a una nonagenaria pone el foco en lo excepcional de ver a personas de esta edad haciendo cosas en el plano público y artístico. Es la excepción que confirma la regla o la excepción que se le ha escapado al patriarcado gerontófobico esta vez.

La gerontofobia es un constructo social que consiste en la discriminación, más o menos directa y plausible, de las personas mayores por su edad. Como cualquier tipo de discriminación hacia un colectivo determinado la gerontofobia es poliédrica, afecta a varios niveles psicosociales, familiares e individuales y por supuesto, no afecta igual a hombres y a mujeres.

Este tipo de exclusión social tiene múltiples formas. Por ejemplo, a nivel de representación mediática, ¿cuántas series has visto dónde las personajes protagonistas sean personas de más de 70 años? La verdad que yo más allá de Grace and Frankie no sé citar ninguna. Y es que el rol de la persona mayor en las familias y comunidades ha sufrido una gran mutación de unas décadas a esta parte, pues se invisibiliza tanto su sabiduría como cualquier tipo de aportación cultural de este colectivo, que suele sufrir además el aislamiento y la falta de espacios intergeneracionales.

Por otro lado, y sin llegar a la edad de la jubilación, una persona de más de 45 años a la hora de encarar su búsqueda de empleo se dará de bruces con la discriminación de su candidatura por su edad. Se trata del edadismo estructural, que también está presente en el mercado laboral.

 

La utopía de la eterna juventud

Como toda forma de discriminación social,poder acercarnos a la gerontofobia con perspectiva de género es fundamental, ya que sus consecuencias no son las mismas en hombres que en mujeres.

La estética, la moda, la cirugía plástica, la crema antiarrugas, el botox, el ácido hialurónico, la Coenzima Q10, la vitamina C, los hilos tensores, la talla 36… La utopía de la eterna juventud es el horizonte, y las herramientas consumistas se nos presentan como las obligaciones, más o menos sutilmente, de invertir en ese imposible que es intentar frenar el paso del tiempo.

Según tu poder adquisitivo tienes lo que puedas comprar, inyectar o tomar a tu alcance. El objetivo es aparentar menos edad, para ser Forever Young, dejando incluso la salud emocional en un segundo plano.

El miedo a envejecer se nos mete bajo la piel desde bien pequeñas por todos los frentes: no hay “barbis” con canas o arrugas, con las tetas caídas o varices. Nadie quiere ser abuela, nadie quiere ser mayor o al menos nadie quiere que se le note.

La industria de la cosmética y la estética demonizan el paso del tiempo, desde la cosificación de nuestros cuerpos hasta la promoción de todo tipo de productos para tapar, borrar o eliminar el paso de los años, pero el tiempo, en el mejor de los casos, sigue pasando.

Escribo asomándome a la cuarentena, 37 años, ya en tratamiento de cremas antiarrugas de por vida. Apoyémonos para lucir las arrugas con orgullo y busquemos espacios de intercambio entre las que nos allanaron el camino, nosotras y las que están por echar a andar; porque el reconocimiento parte de la escucha activa y el intercambio de sentires y experiencias.

La gerontología feminista plantea una manera diferente de aproximarse al envejecimiento femenino: https://perifericas.es/blogs/blog/gerontologia-feminista-envejecimiento-y-genero

1 comentario

  • Tengo 42 años cumplidos y nunca como antes tomé consciencia del significado de juventud y envejecimiento. Adquirir sabiduría con los años tiene un costo. Parece la ley del equilibrio… ahora tengo rutinas de higiene que hace 15 años me parecían excesivas; manejo con mucha más precaución y lentitud; me jactaba de tener estupenda visión y ahora dependo de los lentes; cada caída, golpe o enfermedad deja una mella sensible en días y semanas posteriores; mi energía no alcanza para hacer múltiples cosas en el día o para atender más de un evento social… la lista sigue y me noto diciendo una y otra vez que la juventud ya me ha abandonado. Luego reparo en que es un constructo social, una invención mercadológica que me deposita más estrés y ansiedad.

    Clauso

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