EL MOVIMIENTO FEMINISTA EN EL SIGLO XIX: LA INCLUSIÓN DE LAS MUJERES EN LA ESFERA PÚBLICA

Por Joaquina Samaniego, Graduada en Publicidad y Relaciones públicas y Máster en Dirección en comunicación en la Universidad de Málaga. Investigadora en el campo de los estudios mediáticos de género y el análisis crítico del discurso.

El movimiento social del feminismo parte de una teoría crítica de denuncia y reivindicación, consecuencia de la subordinación histórica de la mujer. Surge de la necesidad de actuar ante las injusticias, ya que se define en contra de la exclusión femenina de la esfera pública y de su limitación a la esfera privada.

Como diferencia fundamental frente a otros movimientos sociales, desde su nacimiento el feminismo desafía el orden social y los códigos dominantes más históricos y universales que han existido a lo largo de la historia: la ideología patriarcal. Hacer frente a esta subordinación requiere hacer uso de un nuevo marco conceptual, ya que esta estructura está firmemente interiorizada en la sociedad y es complejo deshacerse de ella dada su normalización en la vida de las personas.

Durante el siglo XIX se dieron importantes acontecimientos que apoyaron el movimiento y que propiciaron que, por primera vez en la historia, se desarrollase el sujeto político de la mujer. El comienzo del feminismo organizado no tuvo lugar, pues, hasta mediados de esa centuria. Las primeras pretensiones del movimiento estuvieron relacionadas con los derechos políticos, y más concretamente con el derecho al voto. El sufragismo fue el nombre que se dio a esta lucha política que buscaba la igualdad de derechos legales. Sin embargo, las sufragistas no solo apoyaron tal revolución, sino que lucharon por la universalización de muchos derechos liberales y democráticos más amplios.


Algunos hechos claves para el feminismo decimonónico

Elisabeth Cady fue una de las pioneras en reclamar el derecho al voto. En 1848 presentó la “Declaración de sentimientos de Séneca Falls”, texto básico sobre el sufragio femenino donde se refutaban todas las actitudes masculinas sobre las mujeres y se pedía el derecho a que el poder las reconociese como ciudadanas de Estados Unidos. Este documento se enfrentó a grandes restricciones políticas, ya que era la primera vez en la historia que las mujeres se unían y pedían tener los mismos derecho y condiciones que los varones.

Las feministas consiguieron que John Stuart Mill (filósofo, político y economista escocés) fuera su aliado. Mill presentó una petición en el Parlamento Inglés a favor del voto femenino en 1866. Sin embargo, por más que las sufragistas trataran de convencer a los políticos sobre la legitimidad de los derechos, y aunque contasen con el apoyo de ciertas figuras influyuentes como el propio Mill, su lucha fue durísima: a menudo sufrían burlas e insultos, cuando no violencia y encarcelamientos.

La entrada en la educación secundaria y universitaria fue la segunda gran petición de muchos grupos feministas a lo largo del siglo XIX. La entrada de las mujeres en la universidad se dio por primera vez en los Estados Unidos y más tarde en Europa. Otras peticiones se relacionaron con la independencia económica ligada al control de los ingresos y las propiedades. La educación, que había sido caballo de batalla desde los inicios del movimiento incluso antes de la época contemporánea, continuó pues siendo clave durante todo este periodo.

Debido a la heterogeneidad del movimiento, se formaron diferentes grupos feministas, todos con un fin común, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Por este motivo, se habla de que no existe un solo feminismo, sino que este es un conjunto de movimientos políticos, económicos, sociales e ideológicos que tiene como fin la eliminación de la dominación de las mujeres por parte de los hombres.

Igualmente, frente a los avances del feminismo occidental durante el siglo XIX, el contexto de los feminismos islámicos, africanos o indígenas latinoamericanos fue notablemente diferente y merece otro capítulo aparte, para no limitar la comprensión del fenómeno de la lucha por los derechos femeninos únicamente al contexto europeo o estadounidense, pues las fórmulas, acciones y nombres de cada una de estas corrientes merecen su propia historia y análisis.

 

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