EL AUTOCUIDADO CONTRA EL PATRIARCADO

Por Pilar Sánchez Nafria, pedagoga y sexóloga especializada en género

“El amor y el autocuidado hacia una misma es un acto de resistencia política”, decía Audre Lorde

Pero, ¿dónde queda el autocuidado en un sistema patriarcal, capitalista y precario?

¿Qué implicaciones tienen las concepciones de culpa y sacrificio? ¿Cómo se entremezcla esto con los roles de género y la maternidad?

Porque no solo es importante poner en valor el cuidado propio, sino que también es interesante señalar todos esos elementos de nuestro entorno que lo dificultan.

Y, ¿qué tiene esto que ver con una perspectiva feminista y sexológica? La realidad de las personas que socializan como mujeres es que los cuidados siguen estando presentes desde dentro hacia fuera, sujetas a esa idea de complacer al otro y obviar el placer propio. El rol de cuidadora pesa, y más cuando pocas veces dichos cuidados están dirigidos a nosotras mismas.

El autocuidado pasa por una reconquista del cuerpo, pues vivimos en una desconexión corporal tan grande que sigue extrañando el entender la masturbación como autocuidado, y no hablo de una masturbación exclusivamente genital, sino de acariciar nuestro cuerpo en su totalidad, entrar en contacto con él, desde el cariño, la curiosidad y el autoconocimiento que estas prácticas nos proporcionan. El conocimiento de nuestro propio cuerpo es un acto político y de autocuidado muy potente.

Sin embargo, el proceso de cuidarnos se hace complicado dentro de un cultura machista, por lo que es necesario hablar aquí del concepto de carga mental, que en palabras de Monique Hailcaut sería esa idea de “estar pendientes de todo”, y que tal como ilustra Emma Clint en su cómic feminista La carga mental es algo que se acentúa con la maternidad, precisamente por esa educación desigual y sexista en cuanto a los cuidados y la idea de instinto maternal.


El egoísmo positivo

Uno de los desafíos que considero vitales en la agenda feminista actual es la reapropiación de espacios donde poder autocuidarnos. Ya lo anunciaba Virginia Woolf en 1929, reivindicando esa habitación propia tan necesaria y que hoy todavía a menudo se nos está negando.

¿Cuántas veces hacemos algo por los demás sin ser plenamente conscientes? ¿Cuántas veces se valora positivamente el sacrificio de una madre o en una relación de pareja? La realidad es que esa idea de mujer salvadora o madre coraje se inserta en nosotras dándonos un valor, y lo contrario nos puede generar culpa o malestar. Sin embargo, a mí me gusta más llamarlo egoísmo positivo, algo que nos invita a entender que el hecho de priorizarnos es bueno, no solo para nosotras, sino para las personas que tenemos a nuestro alrededor, porque es necesario entender que las cosas que hagamos tienen que responder a nuestro placer individual y surgir desde él.

El autocuidado implica tiempo, escucha y amor propio, tres cosas muy mal entendidas dentro de un sistema que nos quiere serviciales y productivas. Podemos pararnos, preguntarnos cómo estamos, qué necesitamos, concedernos nuestros deseos. Y, también, consolidar redes que nos hagan de sostén en una sociedad cada vez más individualista, educando así en la importancia de cuidarnos.


En el itinerario sanitario encontrarás formaciones para trabajar el autocuidadohttps://perifericas.es/pages/itinerario-sanitario

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