¿ES POSIBLE UNA CRIANZA SIN ROLES DE GÉNERO?

Por Molly Erin, estudiante de Psicología en la Universitat de Barcelona, actualmente especializándose en cuestiones de género, con especial atención a la salud menstrual y la sexología 

A las personas que están a punto de formar una familia se les formula en muchas ocasiones la pregunta de si será niño o  niña. ¿Por qué tenemos la tendencia de querer saber el sexo de una criatura? ¿Acaso nuestra forma de tratar a las personas se basa en sus genitales? Pues sí. La educación en los roles de género - los significados culturales impuestos en un cuerpo sexuado - empieza incluso antes de nacer, y va mucho más allá de pintar el cuarto de la criatura de un color u otro, o de comprar una tipología de juguete u otra. Los roles de género - y nuestra obligación de encajar en ellos con tal de ser aceptades como personas inteligibles en la sociedad - se perpetúan durante todo el ciclo vital y tendrán impacto en nuestra forma de hablar, de ocupar el espacio público, de concebir nuestro cuerpo, nuestras posibilidades y capacidades.

Las desigualdades de género - como la brecha salarial, la desproporción de mujeres y varones en posiciones de poder, el ideario de valores asociados a cada uno- comienzan en la infancia. Las niñas que crecen realizando -de media- una hora de tareas domésticas por cada 45 minutos que realizan los niños (datos de Estados Unidos) son las futuras mujeres que cobrarán un 14% menos que sus compañeros varones (datos españoles del 2018, que puedes consultar aquí).

Les niñes dependen de les adultes para aprender sobre el mundo que habitan y su rol en él. Por tanto, hemos de cuestionarnos qué estamos enseñando y qué querríamos enseñar, con el propósito de eliminar las desigualdades de género en la infancia, antes de que crezcan y se conviertan en desigualdades de género adultas.

 

El ejemplo pionero de Suecia

Hasta la semana 16 del embarazo, los fetos machos, hembras e intersexos no muestran ninguna diferencia observable. Durante la semana 10 de gestación, comienza la diferenciación del aparato reproductor y los genitales, que en el momento del nacimiento llevará a la clasificación de la criatura en una categoría de sexo biológico - y típicamente a la posterior socialización correspondiente al género asignado.

Un creciente movimiento de progenitores propone socializar a sus hijes sin roles de género, para permitir que exploren por elles mismes el espectro de posibilidades de ser, sin restricciones derivadas de su anatomía. Un país pionero en la crianza gender-creative es Suecia, donde en 1998 se aprobó una ley de educación que prohíbe reforzar estereotipos de género en las escuelas de parvulario y que pone énfasis en la importancia de proporcionar libertad a les niñes para explorar y desarrollar intereses de todo tipo. Además, en sueco se encuentra integrado en el lenguaje cotidiano el pronombre “hen”, que indica género neutro. Varias familias autodefinidas como "familias arcoíris" crían a sus hijes de esta forma, sin dar importancia al sexo biológico que les fue asignado al nacer, y dándoles la autonomía y libertad de escoger los pronombres con los cuales se identifican más, la ropa que les apetece llevar y los juguetes que quieren emplear en sus juegos. El propósito de este tipo de crianza es liberar a les niñes de las restricciones binarias y las actitudes típicamente asociadas a su sexo, de forma que puedan desarrollarse sin presiones del ideario adulto, y dar un importante paso hacia una sociedad en que el género deje de ser un factor limitante para el recorrido vital de las personas.

¿Seremos capaces de cambiar nuestro ideario binario para dar cabida a todo el espectro de posibilidades de ser? ¿Cómo seríamos nosotras si no hubiéramos crecido limitadas por los estereotipos de género? ¿Habría sido distintos nuestros recorridos educativo y laboral, nuestras decisiones, nuestras actitudes? ¿Hasta qué punto nuestra forma de ser ha sido construida por nuestra socialización, desarrollada en respuesta a las presiones recibidas? 

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