ADAPTAR NUESTRO RITMO LABORAL AL CICLO MENSTRUAL... Y NO AL REVÉS

Por Molly Erin, estudiante de Psicología en la Universitat de Barcelona, actualmente especializándose en cuestiones de género, con especial atención a la salud menstrual y la sexología 

El ciclo menstrual tiene una duración de unos 24-35 días, aproximadamente, aunque hay mucha variabilidad según cada persona. Se compone de cuatro fases: la fase menstrual, la folicular, la ovulatoria y la lútea. Cada fase se caracteriza por unos equilibrios distintos entre las principales hormonas sexuales - los estrógenos, la progesterona y la testosterona - que afectan a nuestra conducta, nuestras emociones y nuestra productividad. En cada fase se acentúan algunas capacidades, mientras que otras pueden verse dificultadas. Así, con tal de disfrutar de nuestras tareas diarias y conseguir las metas que nos proponemos, las personas menstruantes hemos de comprender nuestro ciclo y saber aprovechar las habilidades potenciadas en cada fase.

Durante la fase menstrual, se favorecen los procesos creativos y emocionales. Podemos sentirnos más conectadas con nuestros valores centrales y más proclives a tareas reflexivas y artísticas. Podemos sentirnos menos dispuestas a realizar tareas físicas y sociales, e idealmente podemos planear estas tareas para la siguiente fase.

Durante la fase folicular, podemos sentirnos muy enérgicas y, con el aumento de estrógenos en sangre, se ve favorecida la cognición, sobretodo la cognición “fría” o racional. En estos días podemos enfrentarnos a tareas exigentes a nivel mental y física, y proponernos probar experiencias nuevas.

Durante la fase ovulatoria, con el progresivo aumento de progesterona en sangre, la cognición social y la empatía se ven potenciadas. Podemos aprovechar esta fase para programar reuniones y presentaciones de nuevos proyectos. Nuestras relaciones interpersonales se verán beneficiadas, ya que es el momento del ciclo en que más puede apetecernos tener encuentros sociales.

Durante la fase lútea, tenemos en sangre altos niveles de progesterona, que favorecen el pensamiento abstracto y la intuición. Podemos intentar entonces resolver problemáticas que están estancadas, y comenzar a reducir los compromisos de nuestra agenda, ya que nuestros niveles de energía y ganas de socializar pueden estar decayendo. Con la caída de los niveles de progesterona que se dará al final de esta fase, volveremos a comenzar el ciclo con la llegada de la menstruación.

 

La importancia del calendario menstrual

Aunque muchas mujeres y personas menstruantes notan diferencias en su rendimiento en diversas tareas a lo largo de su ciclo, varios estudios dirigidos a examinar resultados entre diferentes fases no han encontrado diferencias significativas entre ellas. La causa puede radicar en el hecho de que las personas menstruantes no vivimos en un mundo que nos permita producir de forma cíclica, sino que estamos inmersas en un escenario laboral diseñado por varones (no menstruantes), que exige una productividad lineal. Este hecho puede ser dañino para nuestra salud mental - y física -, ya que nos exigimos una disponibilidad y una linealidad que nos resultan antifisiológicas.  

Hemos tenido que adaptar nuestro biorritmo natural y cíclico a los ritmos corporativos que nos exigen unos horarios constantes e invariables, aunque se ha demostrado que este modelo es perjudicial para nuestro rendimiento y salud. Por mucho que nos hayamos socializado en un mundo tecnológico, seguimos siendo seres biológicos con ritmos fisiológicos que necesitan respetarse.

Una de las herramientas más potentes que tenemos a nuestra disposición es el calendario menstrual o ciclograma, que nos ayuda a comprender nuestro ciclo y las variaciones individuales que tenemos a lo largo de él. Cada ciclo es un mundo, y cada persona lo vivirá de forma distinta. El siguiente reto es incorporar nuestra ciclicidad a las realidades laborales, con la finalidad de incrementar nuestro bienestar. El nuevo panorama laboral tiene que adaptarse a nuestros ritmos, ¡y no al revés, cómo venimos haciendo! ¿Cómo puede ser que una realidad que vive la mitad (aproximadamente) de la población mundial siga siendo negada, siga siendo tabú? ¿Cómo puede ser que la incorporación masiva de mujeres al mercado laboral no haya conllevado grandes cambios en el modelo de trabajo?

 

 

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