LA MANIPULACIÓN «ROSA» DEL ALGORITMO

Resumen

Por Alba Tamara Gómez, licenciada en Economía, Técnica de personas y generación de talento

El Soft-to-Trad Pipeline es el proceso por el cual el algoritmo de redes sociales, el motor de recomendación de plataformas como TikTok, Instagram o Pinterest, provoca un fenómeno sociológico de manipulación que puede tener consecuencias notables. Veamos cómo lo hace en casos en los que afecta a la igualdad de género:

Inicialmente, una usuaria simplemente realiza una búsqueda en internet de contenido Soft Girl o Cottagecore. Es decir, de una preferencia estética por lo suave, por el bienestar y paz personal, por lo tradicionalmente femenino e inofensivo, por un retorno visual a los años 50: imágenes en las que predominan la nostalgia, los colores pastel y diversos tonos de rosa, cuidados personales, flores, velas, descanso, corazones como símbolo del amor, decoración y labores de hogar, recetas de cocina y horneado de pan, etc.

El algoritmo detecta entonces interés por lo doméstico y empieza a mostrar contenido que ensalza el valor del hogar, el regreso a las raíces y la crítica a la cultura del trabajo.

A continuación, la búsqueda cambia hasta guiar a la mujer, inconscientemente y gradualmente, hacia ideologías de contenido Tradwife (esposas tradicionales), logrando transformar sus gustos y psicología. Es decir, poco a poco, los vídeos pasan de contenidos suaves (de horneado de pan, por ejemplo) a situaciones profundamente conservadoras y rígidas donde la mujer es más feliz si no trabaja y se somete al liderazgo del marido. Aquí es donde la estética se convierte en doctrina.

Así, al agrupar etiquetas como #homesteading (vida autosuficiente), #femininity y #tradition, el algoritmo crea una burbuja que puede aislar a la mujer de visiones del mundo más diversas.

Lejos de ser algo aparentemente centrado en casos particulares, recientes investigaciones han mostrado cómo grupos políticos utilizan la estética soft para introducir ideas de nacionalismo, roles de género rígidos o rechazo a la modernidad de una manera visualmente atractiva y fácil de digerir. Es lo que se llama «radicalización estética».

Con todo ello, el algoritmo finalmente sugiere que el destino de las jóvenes, dado su deseo de descanso y paz mental en un mundo obsesionado por el trabajo, es dejar de trabajar por completo y ser una Tradwife, logrando una transición sociológica donde el bienestar se traduce en una pérdida de opciones alternativas y de autonomía. El fenómeno ha pasado de ser una subcultura de nicho a un movimiento masivo en redes sociales.

El riesgo sociológico percibido es que las mujeres jóvenes, al rechazar la carrera profesional, también rechacen la participación en la esfera pública, dejando esos espacios de poder nuevamente en manos masculinas.

Estudio del fenómeno

Las cifras del tráfico digital reflejan una explosión de interés en los últimos dos años por el fenómeno tradwive: las búsquedas mundiales del término en Google han crecido de forma constante desde 2020, con picos significativos en 2024 y principios de 2025; el hashtag #tradwife acumula más de 200 millones de visualizaciones en TikTok y millones de menciones en Instagram y las influencers clave han viralizado el concepto de «hacer todo desde cero» para la pareja.

Y sin embargo, la mayoría de las referentes famosas del fenómeno son, en realidad, empresarias digitales de éxito. Manejan altísimos presupuestos de publicidad, edición de video, contratos de marca y análisis de datos. Venden la idea de «depender del marido» mientras generan unos ingresos independientes que el propio movimiento cuestiona. Esto crea una expectativa irreal para sus seguidoras y es punto clave de la hipocresía propia de las redes sociales vinculadas.

Contrariamente a la creencia popular de que es un grupo homogéneo y exclusivo de mujeres blancas de clase alta, estudios recientes muestran que la mayoría de seguidoras del movimiento tienen entre de 20 a 30 años y que en Estados Unidos cerca del 50% de creadoras de este tipo de contenido son mujeres de color.

Asimismo, a pesar de la visión en redes sociales el análisis de la realidad demuestra una desconexión entre el contenido viral y las estadísticas generacionales femeninas: la participación de las mujeres en el mercado laboral en países occidentales sigue en niveles récord (cercanos al 57-60%), las encuestas más recientes sobre el fenómeno señalan que solo 1 de cada 5 mujeres jóvenes consideran el contenido tradwife como positivo y la mayoría de los jóvenes (a pesar de la polarización) siguen apoyando modelos de hogar igualitarios donde ambos miembros aportan ingresos.

Estamos viendo el surgimiento de una Tercera Vía: mujeres que rechazan tanto el estrés de la Girlboss como la sumisión de la Tradwife. Buscan un equilibrio donde el trabajo es solo un medio para financiar una Soft Living , pero sin renunciar a sus derechos ni a su autonomía financiera. Así, argumentan que el verdadero empoderamiento no es trabajar 12 horas al día, sino tener la libertad de no hacerlo.

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