LA REALIDAD DEL MATRIMONIO INFANTIL EN EL SIGLO XXI

Resumen

Por Alba Tamara Gómez, licenciada en Economía, técnica de personas y generación de talento

En pleno siglo XXI, el matrimonio infantil es una práctica extendida por todo el mundo. 640 millones de niñas son obligadas a casarse antes de cumplir los 18 años en contra de su voluntad y en más países de los que inicialmente parece.

Aunque el matrimonio infantil es una práctica ilegal condenada casi universalmente, esta mayoría de edad o de consentimiento varía dependiendo del país o la región. Además, el derecho religioso, las costumbres y las tradiciones permiten amplias salvedades.

Cada año, alrededor de 12 millones de niñas son forzadas a casarse antes de los 18 años; de ellas, una de cada tres lo hace incluso antes de cumplir los 15. Esto significa que, cada día, una de cada cinco niñas contrae matrimonio en algún lugar del mundo.

De los 20 países con mayor prevalencia de esta práctica, 17 se ubican en África (principalmente en África Occidental), dos en Asia y uno, Nicaragua, en América Latina. El país más afectado es Níger, con una tasa del 76% de niñas forzadas y con una edad media de matrimonio de tan solo 15.8 años. Aunque, en términos de números totales, la India encabeza la lista con 26.6 millones de mujeres afectadas.

Aunque las tasas mundiales de matrimonio infantil descienden lentamente, los lugares con mayor incidencia son también los que registran un mayor crecimiento de población. Esto implica que, previsiblemente, el número absoluto de matrimonios infantiles seguirá aumentando. Esta práctica afecta de forma desproporcionada a las niñas. Si bien los niños también pueden ser forzados (según datos de 2019, 115 millones de hombres se casaron siendo menores) la desigualdad es evidente: una de cada cinco mujeres jóvenes (de entre 20 y 24 años) se casó antes de los 18, frente a solo uno de cada 30 hombres jóvenes.

África cuenta con los 5 países que lideran el ranking en prevalencia de matrimonio infantil: Níger (76%), República Centroafricana y Chad (ambas 61%), Mali (54%) y Mozambique (53%). Si continúa la tendencia actual, la cifra de niñas casadas podría duplicarse para 2050. Estas cifras van muy directamente relacionadas con las bajas tasas de escolarización. En Malaui, el 80% de las niñas casadas no terminó la primaria. En Tanzania, la falta de educación eleva el riesgo de matrimonio infantil al 61% (frente al 5% de mujeres con educación secundaria o mayor).

Afganistán, Kazajistán y Pakistán permiten el matrimonio legal a los 16 años. En Bangladesh, el 73% de las mujeres casadas lo hicieron siendo niñas y en Indonesia, el 45.5% de las familias creen que hay ventajas para una niña si se casa. Arabia Saudí permite el matrimonio desde los 10 años, mientras que Yemen carece de una edad mínima legal.

En América Latina, el 29% de las niñas son víctimas de esta práctica. El caso de Nicaragua es especialmente alarmante: lidera la región en uniones tempranas con un 35 %. En El Salvador el 21% del total de las adolescentes está actualmente casada, mientras que en Cuba el porcentaje es de un el 16% y en Colombia, del 14%. Brasil y México encabezan la lista del continente en números absolutos con 2.9 y 1.2 millones de niñas casadas, respectivamente.

Quizás más llamativas y sorprendentes, por desconocidas, resulten las cifras de Estados Unidos:  entre 2000 y 2015, casi 200.500 menores contrajeron matrimonio en este país. De ellos, el 87% eran niñas casadas con hombres adultos y el 99% tenía entre 15 y 17 años. Pese a la gravedad de las cifras, no existe una prohibición federal y, hasta 2018, ningún estado prohibía totalmente esta práctica. Actualmente, solo 13 estados prohíben el matrimonio a menores de 18 años sin excepciones. La situación persiste como crítica en Texas, Florida, Kentucky, Tennessee y Alabama.

Aunque en la Unión Europea la mayoría de edad legal para casarse son los 18 años, son numerosas las legislaciones nacionales que contemplan excepciones bajo consentimiento parental o judicial. En España existe tal salvedad. Hasta el año 2015, los menores españoles podían solicitar a un juez casarse a partir de los 14 años. Con la entrada en vigor de la Ley de Jurisdicción Voluntaria, se elevó la edad mínima a los 16 años, coincidiendo con la edad de consentimiento sexual (que subió de los 13 a los 16 años ese mismo año). La legislación polaca distingue entre hombres y mujeres: una mujer puede solicitar el matrimonio a los 16 años, pero no existe tal excepción para los hombres. En 2016, Alemania debatía si debía considerar válidos los matrimonios de hasta 1.450 menores refugiados o inmigrantes que ya estaban casados. Situaciones parecidas enfrentan países como Reino Unido.

Causas y consecuencias del matrimonio infantil

El matrimonio infantil genera graves consecuencias que comienzan con la salud física: el embarazo y el parto precoz son la principal causa de muerte entre las adolescentes casadas.

Además, esta práctica provoca el abandono forzoso de la educación, lo que limita drásticamente las oportunidades vitales de la menor y perpetúa el ciclo de la pobreza. Este entorno suele recrudecer una espiral de violencia emocional, física y sexual, elevando paralelamente el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual. Finalmente, la pérdida abrupta de la infancia y la carga de responsabilidades adultas impactan gravemente en su salud mental, derivando en altas tasas de depresión, trastornos de estrés postraumático y una profunda erosión de la autoestima.

Los países con mayores tasas de matrimonio infantil suelen compartir patrones comunes, y aunque la desigualdad de género es la causa principal, hay otros factores fundamentales que agravan esta lacra. Por ejemplo, la pobreza extrema, pues las familias ven en estas uniones una fuente básica de ingresos adicionales. Las niñas que viven en zonas de conflictos armados tienen también un 20% más de probabilidades de casarse.

En los países en desarrollo, las niñas de las zonas rurales tienen el doble de probabilidades de estar casadas al cumplir los 18 años en comparación con las niñas de las zonas urbanas. Tradiciones y normas culturales en las que el matrimonio temprano se percibe como garantía de pureza y honor familiar también incrementan las posibilidades de que se produzcan este tipo de uniones.

Por terminar con un dato positivo, en junio de 2024 Sierra Leona alcanzó un hito histórico al aprobar una ley que prohíbe el matrimonio infantil. El desafío es mayúsculo para un país donde el 75 % de la población vive bajo el umbral de la pobreza y la incidencia de esta práctica es alarmante: dos de cada cuatro niñas se casan antes de los 18 años, una cifra que asciende al 61 % en las zonas rurales. Aunque la nueva normativa impone duras sanciones económicas y penas de cárcel de hasta 15 años para los infractores, surge una duda: ¿bastarán las medidas punitivas para erradicar una práctica tan profundamente vinculada a la falta de recursos y educación?

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