Por Alba Tamara Gómez, licenciada en Economía, técnica de personas y generación de talento
En la España de la posguerra, el panorama para las mujeres, la ciencia y la innovación era desolador. En ese contexto de escasez, control y aislamiento, una maestra viuda de 54 años criaba sola a sus hijas en Galicia mientras trabajaba incansablemente. Su nombre era Ángela Ruiz Robles, cariñosamente conocida como Doña Angelita.
En 1949, patentó la Enciclopedia Mecánica, un dispositivo registrado como «Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para la lectura de libros» (Patente núm. 190.698, diciembre de 1949), que está considerado el primer libro electrónico de la historia, adelantándose en 20 años al diseñado en 1971 por el estadounidense Michael Hart y en más de medio siglo a los actuales e-books y tablets.
Tras realizar sus estudios superiores en la Escuela de Magisterio de León, Doña Angelita desarrolló una extensa carrera como docente y directora de varias escuelas desde 1917 hasta su jubilación, mientras preparaba a opositores (de aduanas, correos, telégrafos y estudios mercantiles) en su propia academia para adultos, Elmaca, y su compromiso social la llevaba a impartir clases nocturnas gratuitas a personas sin recursos. Además, entre 1938 y 1946, escribió 16 libros de contenido científico e inventó un atlas científico gramatical, una máquina taquimecanográfica y, su obra cumbre mencionada, la Enciclopedia Mecánica.
Se trataba de un ingenio pedagógico ideado para niños y niñas que permitía insertar contenidos temáticos en bobinas intercambiables. Aprovechando materiales innovadores para la época como el plexiglás, la goma elástica, el papel terso y la electricidad, el aparato combinaba un sistema de placas, palancas y pulsadores que desplegaba las materias sobre una pantalla, incluyendo sonidos, iluminación propia (muy necesaria en la época) de fósforo y electricidad para leer en la oscuridad, abecedarios automáticos para formar frases, lupas de aumento e incluso impermeabilidad al agua. Su objetivo principal era doble: aligerar el peso de las mochilas escolares y lograr que el aprendizaje resultara ameno, interactivo y adaptado a las necesidades del alumnado (cumpliendo con el Diseño Universal de Aprendizaje y Neurodivergencias actual).
Para la prensa de la época, el invento rozaba el mundo de la abstracción. Sin embargo, para la propia Ángela este estaba diseñado para lo que ella llamaba «lo veloz del vivir» (los años cuarenta), una época donde era crucial una «pedagogía ultramoderna», y buscaba la «enseñanza intuitiva y amena», ideada “para aprovechar con rapidez los momentos en que la atención está fija, consiguiendo el máximo de conocimientos con el mínimo esfuerzo, pero con deleite, disminuyendo la fatiga intelectual en actividad de largo tiempo”. ¡Todo esto hace más de 70 años!
Las dificultades de reconocimiento
A pesar de su brillantez, el éxito técnico de Doña Angelita chocó frontalmente contra la falta de visión industrial de la España de la época. Al carecer de una infraestructura industrial privada que apoyara su idea, no pudo construir un prototipo real hasta 1962; recurriendo a sus contactos locales, consiguió que los talleres artesanales del Parque de Artillería de Ferrol asumieran la tarea. Lograron comprimir varias asignaturas en un aparato de apenas 24 x 22 centímetros y unos 4,5 kilos de peso, un tamaño asombrosamente similar al de las cajas de embalaje de las tablets actuales.
El prototipo funcionaba a la perfección y recibió medallas de oro en numerosas exposiciones de inventores. Sin embargo, el Gobierno español no financió su producción en masa, argumentando costes elevados. En 1970, inversores de Washington intentaron comprar la patente para desarrollar el proyecto en Estados Unidos. Doña Angelita, fiel a sus principios, rechazó la oferta rotundamente, insistiendo en que su invento debía fabricarse aquí para beneficiar primero a los estudiantes locales. Pasó los últimos años de su vida perfeccionando el sistema para que no lo tacharan de antieconómico, e intentando sin éxito que se comercializara.
En 1970, durante un certamen en Bruselas, el director de la revista Técnica e Invención declaró, tras una investigación de siete años sobre inventos españoles, que en 20 siglos de historia apenas existían referencias sobre ingenios de origen femenino, concluyendo que la mujer había significado muy poco en ese ámbito a nivel global (una falacia). Sin embargo, destacó una excepción absoluta: Doña Ángela Ruiz Robles, miembro de la Orden de Alfonso X el Sabio y poseedora de numerosos premios de invención.
¿Qué aportaba la nueva enciclopedia mecánica? Lo mismo que la Wikipedia de hoy: la actualización de los datos. Pasmosamente, todavía en 2011, la inventora no aparecía en la Wikipedia. Actualmente, aquel prototipo original de bronce, madera y zinc, que condensó el futuro de la lectura digital décadas antes de que el mundo estuviera listo para comprenderlo, se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) de A Coruña, pero la figura de Doña Angelita sigue de forma flagrante prácticamente en el olvido.
Son famosos los inventos españoles como el Chupa Chups, el futbolín o la fregona, pero ¿conocías este invento español? ¿Y a su prodigiosa inventora?

