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LA PERSPECTIVA DE GÉNERO APLICADA A LA MEDIACIÓN INTERCULTURAL

Por Isabel Allende Robredo, licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, Educadora Social, Máster en Antropología Social y Cultural y en Migraciones e Interculturalidad. En la actualidad coordina los programas de empoderamiento de mujeres inmigrantes y refugiadas de CARAS e IRMO, en Londres. Para más información, puedes visitar su página webwww.isallenderobredo.com

 

La mediación intercultural se hace cada vez más imprescindible en un mundo como en el actual, en el que el drama de la población refugiada, pero también la muy enriquecedora convivencia con personas de otras culturas, nos obliga a replantearnos muchas de las tradicionales asunciones de nuestra vida en sociedad. En este como en cualquier otro ámbito, la aplicación de la perspectiva de género es fundamental para abordar cualquier tipo de actuación. Supone garantizar que todos los miembros del equipo tengan una buena comprensión de la dimensión de género y de su impacto, pero va mucho más allá. En este artículo ahondaremos en ello.

 

La necesidad de una perspectiva decolonial, igualitaria y no etnocentrista

Para lograr una mediación intercultural aplicada desde la perspectiva de género, es esencial, como punto de partida, incluir personas expertas en el equipo, bien de la propia entidad que realiza la mediación, bien externas si es necesario, y buscar la paridad en dicho equipo.  Como además trabajaremos con personas de muy distinto origen geográfico y cultural, es imprescindible considerar sistemáticamente las diferentes condiciones, situaciones y necesidades de cada una, así como analizar analizar el papel que desempeñan hombres y mujeres (el modo en que se reparten las tareas domésticas y el trabajo asalariado, el acceso a los recursos, etc.) tanto en la cultura mayoritaria como en la minoritaria de origen. En ese sentido, hay que adoptar un compromiso para la modificación de la condición y la posición de las mujeres, y trabajar para conseguir un sistema de género equitativo (provengan de la cultura que provengan, pero trabajando también desde una perspectiva decolonial y no etnocentrista).

Tener una mirada o perspectiva de género implica, por tanto, ver la realidad de manera integral, identificando siempre las necesidades y características específicas de mujeres, hombres y personas no binarias, para poder ofrecer respuestas adecuadas a dichas necesidades: lo que general y popularmente entendemos por “ponerse las gafas violeta”.

Dos son, principalmente, los motivos para que la perspectiva de género sea tan esencial en cualquier proyecto de mediación: por una parte, por ser necesario tener en cuenta, en todo tipo de mediación, la desigualdad de poderes subyacentes en una situación dada, en la que las partes en conflicto sean de diferente género; por otra, porque existen diferentes sistemas de género que pueden chocar cuando las partes en conflicto provienen de culturas distintas (aquí, además de la perspectiva de género, se aplicaría la perspectiva de la diversidad cultural, y la desigualdad que también conlleva cuando se la contempla desde una mirada etnocentrista, racista y xenófoba).

Si definimos la perspectiva de género como una clave de interpretación de la sociedad que pretende discernir y denunciar los condicionamientos culturales que oprimen a las mujeres y a las personas no binarias, y que, a su vez, promueve iniciativas para liberarlas de dichos condicionamientos, trabajar desde una perspectiva de género implicaría tener en cuenta las diferencias existentes en las causas y en el impacto de diferentes factores en las mujeres con respecto a los hombres, y cómo estas diferencias se deben a la desigualdad entre los géneros.

Entre las habilidades más importantes y necesarias para la mediación intercultural se encuentran las habilidades interpersonales y de apoyo personal (entre ellas la de escuchar activamente), las habilidades para la animación de grupos y moderación de reuniones, las habilidades para la negociación, la competencia intercultural y las habilidades de gestión. Entre las actitudes fundamentales para relacionarse con personas de diferente bagaje cultural, encontramos la apertura, la curiosidad, el respeto y el interés por conocer la cosmovisión de las otras culturas, además de la propia. La necesaria combinación de todos estos elementos junto con el respeto a la igualdad de género serán claves para lograr una mediación exitosa que además, tenga en cuenta las especificidades de las mujeres de cualquier parte del mundo.

 

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