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¿QUÉ SON LA PERSPECTIVA DE GÉNERO Y LOS ESTUDIOS DE GÉNERO?

Por Carmen V. Valiña. Creadora y directora de periFéricas. Doctora en Historia Contemporánea. www.carmenvvalina.es

¿Son sexo y género sinónimos? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a los estudios de género y cuándo surgieron? ¿Cómo puede ayudarnos esta perspectiva de género a entender campos tan diversos como la salud mental, el urbanismo o la mediación escolar? De todo ello te hablamos en nuestro post de hoy.

¿Qué significa la perspectiva de género?

El término “género” puede definirse como el conjunto de prácticas, normas o valores que las sociedades elaboran a partir de la diferencia sexual anatómico-fisiológica. Dicho de otra forma, mientras que el sexo es un hecho biológico, el género marca la interacción social construida y atribuida a cada sexo por la sociedad. Nacer con sexo masculino o femenino no implica, de entrada, que ello conlleve un diferente acceso al poder, al trabajo o a la educación. Sin embargo, los factores sociales por los que se ha regido la humanidad durante milenios otorgan, en la inmensa mayoría de culturas, roles y funciones sociales diferentes a uno y otro sexo: las mujeres son vistas eminentemente como madres y relegadas al ámbito doméstico, mientras que un varón, desde su nacimiento, se
considera que deberá ser el sostenedor familiar de la familia, el que se ocupe fundamentalmente del ámbito público y laboral…

El concepto “género”, que apareció primeramente entre las feministas estadounidenses, fue popularizado en España sobre todo a través del trabajo de Joan W. Scott. La perspectiva de género se revela como fundamental para entender cómo la diferente concepción de lo masculino y lo femenino, construida por los propios seres humanos, influye de forma directa en todos los aspectos de la sociedad. Es lo que se denomina la transversalización de género, que recorre campos tan variados como la educación, el empleo o la belleza: ¿por qué se niega el acceso a los estudios a muchas más niñas que niños? ¿Por qué continúa existiendo la brecha salarial, incluso en los países más desarrollados? ¿A qué se debe que indumentarias como la minifalda o el burka sean siempre blanco de debate, mientras que apenas se reflexiona sobre qué llevan puestos los hombres de esas mismas sociedades? Todo ello hunde sus raíces en las construcciones de género de nuestras sociedades.

 

¿Cómo nacen los estudios de género?

Del debate sobre este tipo de cuestiones hasta ahora apuntadas surgieron los estudios de género, que pretenden poner de manifiesto las relaciones de poder que se dan entre los géneros y la construcción social e histórica de las mismas. Tras la publicación de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, en 1949, tuvieron que pasar todavía más de treinta años, hasta la década de los ochenta del siglo XX, para que el término género comenzase a circular de forma más amplia en Occidente. Es a partir de finales de esa década y principios de los noventa cuando las intelectuales feministas logran instalar en la academia y en las políticas públicas la denominada “perspectiva de género”. Su extensión a nivel social amplio es muy posterior, y se ha afianzado, al menos en el contexto
occidental, durante el siglo XXI.

Como escuela centrada en los feminismos alternativos que somos, no podemos dejar de mencionar que el concepto y la concepción del género son muy variados dependiendo del entorno en el que nos movamos. Han pasado ya varias décadas desde el nacimiento de los feminismos decoloniales, que han puesto de manifiesto que la idea de género es notablemente diferente de acuerdo a la clase, la religión, la raza o el origen nacional de cada mujer. De todos esos ejes surge el concepto de interseccionalidad, que de por sí daría ya para otro artículo. Todo ello lleva a que, hoy en día, convenga hablar de géneros y de feminismos en plural, pues ha quedado sobradamente comprobado que ningún feminismo, por muy hegemónico que se crea, puede explicar por sí solo la enorme variedad de luchas y preocupaciones de las mujeres del mundo. Veamos ahora cómo la perspectiva de género se puede aplicar a campos muy diversos de nuestra vida cotidiana:

¿Por qué hablar de salud mental con perspectiva de género?

Las diferencias probadas que existen en la prevalencia de trastornos mentales entre mujeres y hombres llevan a la conclusión de que es necesario incluir la perspectiva de género cuando se estudia este ámbito. Por ejemplo, se sabe que las mujeres tienen más probabilidad que los hombres de sufrir depresión, trastornos de la alimentación y ansiedad, mientras que ellos presentan mayores prevalencias de abuso y dependencia de alcohol y otras sustancias, así como trastornos de la conducta y de personalidad antisocial. Además, las mujeres presentan tasas más elevadas de trastornos mentales que los hombres y síntomas más graves y discapacitantes.

Un enfoque de la salud desde una perspectiva de género debe considerar cómo los factores sociales pueden exacerbar los trastornos mentales de forma diferente en hombres y mujeres. Para el caso de las mujeres, el sesgo de género sería evidente en las depresiones perinatales, la carga que soportan las cuidadoras de enfermos mentales, los trastornos derivados de la violencia de género… Los principales detonantes de los malestares emocionales de las mujeres, asociados con preocupaciones cotidianas que a menudo tienen que ver con los hijos o con violencia intrafamiliar o abusos, son expresivos de hasta qué punto la labor de cuidados sigue condicionando en buena medida su bienestar. Tener en cuenta la perspectiva de género en lo referente a la salud mental también resulta clave para definir las necesidades de atención de salud pública respecto a las mujeres, considerando de forma específica los trastornos mentales en los sistemas de salud.

Queda todavía mucho por hacer en la investigación y la intervención sobre la salud mental con perspectiva de género. Resulta imprescindible hacerlo desde el momento en que ha quedado demostrado que gran parte de los trastornos mentales femeninos tienen su trasfondo en lo sociocultural, en las creencias estereotipadas o de género sobre lo que son y deben ser cada uno de los sexos, de manera tal que la violencia simbólica opera de manera invisible y es reproducida por toda la sociedad, incluidos los agentes sanitarios y las políticas públicas ocupados de nuestra salud mental.

perspectiva

¿Qué aporta la perspectiva de género al urbanismo?

Cambiamos ahora por completo de ámbito y nos movemos al urbanismo: ¿qué aporta la perspectiva de género en este campo? Si aparentemente las ciudades pueden parecernos espacios asépticos, lo cierto es que su construcción, desde bien antiguo, ha estado inspirada por esquemas que tienen lo masculino como centro. El reto, pues, es crear un urbanismo respetuoso e inclusivo para las mujeres, en aspectos tan diversos como la seguridad, la iluminación, los equipamientos públicos… Hay muchos elementos que pueden ayudar a lograr entornos urbanos más inclusivos e igualitarios, y que se refieren a aspectos de lo más variados. Uno de los más evidentes y sencillos de poner en práctica es el nombramiento de plazas, calles y nombres en femenino, para resaltar el relieve histórico de diversas figuras femeninas notables o, incluso, para reconocer la labor de otras más anónimas y así luchar contra una Historia secularmente elaborada y enseñada en masculino. La inclusión de medios de transporte seguros, con paradas en puntos que puedan resultar conflictivos para ellas por su escasa visibilidad, por ejemplo, también debería formar parte de un urbanismo creado en clave de género, al igual que la promoción de viviendas que favorezcan las relaciones comunitarias y las actividades dentro del vecindario.

La cuestión de la seguridad resulta clave cuando se trata de planificar urbes con perspectiva de género. Hablamos, por ejemplo, de apostar por la iluminación de los espacios para peatones, evitando muretes, vallas y escaleras
que generen rincones de difícil accesibilidad y escondidos.

Finalmente, la participación directa de las mujeres a la hora de diseñar el espacio urbano también puede contribuir a hacerlo mucho más igualitario: de ese modo, su aportación, secularmente invisibilizada, podría emplearse para cuestionar el conocimiento imperante y crear un urbanismo que deje de ser masculinizado, más respetuoso con los cuidados y con la vida no solo productiva, sino también reproductiva y de ocio.

¿Qué aporta la perspectiva de género a la mediación escolar?

Finalmente, y aunque lo desarrollaremos más ampliamente en otro artículo, queremos comentar también qué aporta la perspectiva de género al ámbito de la mediación escolar: en este caso, se convierte en una herramienta
fundamental para la coeducación, contribuyendo a crear aulas en las que la igualdad sea un eje vertebrador clave y, sobre todo, facilitando que la resolución de conflictos siempre tenga en cuenta la necesidad de respetar esa igualdad. Al fin y al cabo, en las aulas es donde se encuentra el origen de lo que será la ciudadanía del futuro. En la mediación escolar con perspectiva de género está, pues, el germen de la perspectiva de género que sería deseable para toda nuestra sociedad.

¿Quieres conocer más sobre todas estas corrientes de perspectiva de género? En periFéricas te ofrecemos tres opciones para ahondar en ellas: puedes comenzar con el curso de Salud mental y género, con el curso de Género y urbanismo o el curso de Mediación escolar: Educando en la igualdad.

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