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MATERNIDAD Y NUEVOS PERMISOS PARENTALES: ¿UNA REGULACIÓN DESFAVORABLE PARA LAS MUJERES?

Por Carmen V. Valiña. Creadora y directora de periFéricas. Doctora en Historia Contemporánea. www.carmenvvalina.es

Puede sonar radical siquiera plantearse la pregunta: la aprobación, el 5 de julio de 2018, de la ampliación del permiso de paternidad para los españoles con carácter intransferible parecía, de un primer vistazo, una medida digna de celebrar. Con ella, la legislación española se aproximaba a los permisos europeos y la crianza parecía repartirse de forma más equitativa entre ambos progenitores. Sin embargo, diversas voces desde el feminismo no tardaron en poner de manifiesto que, bajo los grandes titulares y la algarabía política, podía esconderse una manera paternalista de entender el papel de las mujeres en la crianza, al tiempo que un esquema legislativo que prioriza en los permisos parentales lo laboral frente a los cuidados.

¿Por qué? En primer lugar, porque como bien apunta la escritora Carolina del Olmo, la intransferibilidad de los permisos de padre y madre hace que estos sean una medida más centrada en el mercado de trabajo, en aras de garantizar que ninguno de los dos pase “demasiado” tiempo fuera de su puesto, que en la labor de cuidados que la crianza de un hijo implica. Mientras que la reforma de julio sitúa a los padres españoles, en efecto, a la vanguardia de Europa, e incluso por delante de Estados como Suecia o Islandia, en el caso de las madres sucede justamente al contrario: los permisos se encuentran entre los más cortos de toda la Unión.  

De nuevo, una medida supuestamente beneficiosa para las mujeres no lo es tanto, desde el momento en que no tiene en cuenta las necesidades de recuperación del  postparto, las huellas psicológicas del embarazo o la lactancia a la hora de ponerse en práctica. Esas etapas, evidentemente, no las tiene que pasar un hombre, de ahí que muchas feministas, como la propia Carolina del Olmo, insistan en que lo más coherente sería el establecimiento de permisos parentales que pudiese tomar cualquier progenitor. De este modo, las madres tendrían la capacidad de ajustar esos permisos a su propia realidad, añadiendo o quitando días de los que ya tienen los padres. Si bien ello no solucionaría la cuestión de la corta duración de los permisos maternales actuales, en todo caso sí añadiría flexibilidad a la crianza de la descendencia, lo que sin duda repercutiría favorablemente tanto en las opciones personales como profesionales femeninas.

Lo que queda fuera de los permisos de maternidad y paternidad

Un elemento más añade carácter discriminatorio a esta nueva medida de ampliación de los permisos parentales: quedan fuera de su abrigo las madres solas o las familias con un único miembro empleado. La situación más grave es para aquellas madres solas que no trabajan y que, si no han cotizado lo suficiente, no tienen derecho a ningún tipo de permiso, una muestra más  de que los permisos de maternidad y paternidad actualmente vigentes en España no tienen una perspectiva de género consciente ni protegen los cuidados en los primeros años de la vida. En definitiva, se trata de una maternidad supeditada al mercado de trabajo y a la lógica de la economía capitalista.

“Establecer permisos de maternidad y paternidad intransferibles resta una enorme capacidad de decisión para ambos progenitores a la hora de decidir cómo repartir sus tiempos”

Por otro lado, el establecer permisos de maternidad y paternidad intransferibles resta una enorme capacidad de decisión para ambos progenitores a la hora de decidir cómo repartir sus tiempos: ciertamente, puede haber madres que deseen pasar la totalidad de su baja con sus hijos, pero puede haber otras que prefieran o necesiten incorporarse al trabajo con anterioridad, y que desearían que el padre de las criaturas pudiese ocuparse de ellas. Esa flexibilidad es imposible con el sistema vigente actualmente, incluso tras su reforma, desde el momento en que el permiso parental tiene carácter individual y evitará cualquier tipo de traspaso a la madre.  La solución pasaría, en este caso, por permitir que cada familia, de acuerdo a sus especificidades, pudiese organizar su tiempo con libertad, poniendo el foco no en una organización únicamente productiva a nivel económico, sino respetuosa a nivel reproductivo y de cuidados.

Por tanto, si bien la ampliación de los permisos parentales aprobada hace un mes pretendía, en teoría, dividir por igual las labores de cuidado entre ambos progenitores y evitar la discriminación dentro del mercado laboral de las madres, lo cierto es que, en la práctica, resulta muy cuestionable que ambos aspectos se hayan conseguido. Lamentablemente, la consecución de una maternidad flexible y respetuosa con las necesidades de las mujeres tendrá que seguir siendo uno de los caballos de batalla del feminismo.

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