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MUJER, DISCAPACIDAD Y VIOLENCIA: UNA DOBLE VULNERABILIDAD

Por Alicia G. Vadillo, pedagoga social. Especialista en diversidad funcional y de género, es nuestra docente del curso “Mujer, discapacidad y violencia”.

 

La discapacidad es un tema que no entiende de edades o sexos, pero en realidad, se trata de un factor de discriminación en el caso de los hombres, y de doble discriminación en el caso de las mujeres, que además atenta gravemente contra los derechos humanos.

Las mujeres con discapacidad se enfrentan a una situación de doble vulnerabilidad: sufren discriminación por su condición de mujer y tienen que enfrentarse a la falta de igualdad de oportunidades por tener discapacidad.

Las dificultades para las mujeres con algún tipo de discapacidad son graves, tanto en la esfera pública como en la privada, y afectan a más de 2.300.200 mujeres en España, según el Instituto de la Mujer.

Si atendemos el mercado laboral, del total de hombres con discapacidad mayores de 16 años, un 16,26% trabaja, justo el doble de las mujeres. Ellas se enfrentan a enormes barreras actitudinales, físicas y de acceso a la información, que les dificultan aún más la posibilidad de llevar una vida normalizada. La calidad del empleo suele ser menor: menos retribuido, de estatus inferior y con menores ventajas que el de los hombres con discapacidad.

Además sufren discriminación en el ámbito familiar y en el educativo, restringiendo así sus posibilidades de acceso al empleo. Sufren menor acceso a actividades de capacitación y reciclaje profesional, menor acceso al crédito y otros recursos productivos, y rara vez participan en los procesos de toma de decisiones económicas. El sistema sanitario tampoco responde a sus necesidades y la protección social que reciben no exime, a la mayoría, de su situación de doble vulnerabilidad.

 

La violencia en la mujer con discapacidad

 

Según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las mujeres y las niñas con discapacidad están más expuestas a la violencia machista, los abusos sexuales, el abandono, la violencia psicológica de control y la explotación. Por tanto, las mujeres con discapacidad como víctimas de violencia han de ser específicamente consideradas por sus características diferenciadas y por ser especialmente vulnerables.

Todas estas circunstancias impiden el desarrollo de formas de vidas normalizadas. La discapacidad no es un problema individual, sino un fenómeno socialmente construido. Los prejuicios culturales apartan a las mujeres del espacio público, aislándolas al espacio doméstico. Además, en muchas ocasiones pueden depender del abusador para su cuidado, lo que hace que raras veces lleguen a denunciarlo y provoca una violencia psicológica especialmente grave en estos casos.

 

Cómo abordar el problema de la violencia en la mujer con discapacidad

 

Tal y como menciona Ana Páez, Comisionada de los Asuntos de Género de CERMI y primera persona con discapacidad elegida en el comité de la ONU para la CEDAW, su candidatura era “necesaria porque 600 millones de mujeres y niñas con discapacidad están siendo olvidadas”, teniendo en cuenta que no hay perspectiva de género cuando se llevan a cabo políticas de discapacidad y no hay perspectiva de discapacidad cuando se llevan a cabo políticas de género. Esta elección supone un avance para la visibilidad, presencia y toma de conciencia respecto de las mujeres con discapacidad en los trabajos de Naciones Unidas y para la incorporación definitiva de las cuestiones de género en una perspectiva inclusiva de la discapacidad. De hecho, la inclusión de las mujeres con discapacidad en organizaciones e instituciones es una de las claves para mostrar su vulnerabilidad y actuar contra ella.

No fue hasta 2003 cuando el II Plan de Acción para las Personas con Discapacidad (2003-2007) del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales mencionó la perspectiva de género como clave de sus ejes de trabajo. Como medidas de acción positiva para atender específicamente a las mujeres con discapacidad, se mencionaban actuaciones concretas y específicas para mejorar su calidad de vida, considerándolas como protagonistas de todo el proceso.  

El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) es una de las instituciones más activas a la hora de luchar contra la violencia ejercida contra la mujer con discapacidad. Su influencia ha llegado a nivel internacional, al conseguir que la Unión Europea introdujese un artículo consagrado a la cuestión de género a la hora de referirse a los derechos de las personas con discapacidad. También hay que mencionar la creación de entidades como la Fundación Genus.

Las redes sociales se configuran como una de las vías con más futuro para luchar contra la violencia que sufre este colectivo: permiten articular su lucha a nivel micro, conectar con expertas, compartir información y testimonios… Estos canales son enormemente potentes a la hora de trasladar su mensaje de forma directa, empoderándolas sin necesidad de que ninguna otra voz deba transmitir su  mensaje. Se trata, en definitiva, de que puedan trabajar en equipo para lograr que su autonomía personal sea cada vez mayor.

 

¿Te interesan estas cuestiones? Entonces, seguro que te apasionará el curso “Mujer, discapacidad y violencia”, cuya matrícula ya está abierta en PeriFéricas.

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