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GERONTOLOGÍA FEMINISTA: ENVEJECIMIENTO Y GÉNERO

Por Alicia G. Vadillo, pedagoga social, coach y docente de PeriFéricas

En nuestro país, el sexo predominante en la vejez es el femenino, es decir, el número de mujeres supera al de hombres en esta etapa. La esperanza de vida sigue incrementándose y es mayor en las mujeres (85,6) que en los varones (80,0 años), según los últimos datos del INE.

En la  creciente población de personas mayores, las mujeres, además de ser superiores en número, tenemos unas características sociodemográficas y de salud definidas y diferenciales. El hecho de ser mujer es un factor que genera importantes desigualdades en el transcurso de  los procesos de envejecimiento.

Esta mayor representación femenina entre la población mayor de 80 años requiere soportes diferenciales, pero también  un nuevo análisis de la vejez, hacia una perspectiva de gerontología feminista.

 

¿Qué es la gerontología feminista?

La gerontología feminista es una disciplina que investiga el envejecimiento partiendo de los principios de la epistemología feminista. Pretende analizar el carácter socialmente construido de la vejez de las mujeres y las limitaciones culturales y de género que limitan su existencia en ese periodo de la vida, para así descubrir qué consecuencias tienen todos esos condicionantes en la vida de las mujeres mayores. La finalidad última de esta disciplina es empoderarlas y romper con la imagen que las presenta únicamente como seres vulnerables y dependientes, enteramente necesitados de la atención de los demás.

La gerontología feminista es una disciplina en profundo proceso de cambio, teniendo en cuenta que los factores que hasta ahora caracterizaban a la vida de la población mayor sin duda se van a ver sustancialmente modificados en el corto plazo, con una esperanza de vida creciente y una salud cada vez mejor, lo que se suma al constante aumento de la población anciana en todo el mundo occidental. Además, las mujeres que se van aproximando a la vejez tendrán mayor experiencia laboral y seguramente mayores recursos económicos y formativos que sus predecesoras, lo que sin duda también cambiará el modelo normativo de edad y particularmente, el del envejecimiento femenino.

 

¿Que es la gerontología crítica?

La gerontología feminista es necesariamente también una gerontología crítica, en tanto en cuanto se pregunta cómo los factores políticos, económicos y sociales impactan sobre el envejecimiento de las mujeres.  Analiza, además, cómo ciertos hechos han caracterizado sus vidas antes de la vejez y les influyen en sus comportamientos durante esa etapa final de la vida: la ausencia de tiempo libre por entrega a los demás, el rol no remunerado de cuidadoras, la menopausia entendida socialmente como final de su atractivo físico…

Pero la gerontología crítica trata, ante todo, de destacar las fortalezas que estas mujeres tienen, y que son un potente recurso a la hora de vivir la vejez con energía: la capacidad de crear nuevas redes de amistad y comunidad, la alta longevidad en condiciones de salud a menudo muy buenas, el tiempo libre adicional que permite disfrutar del cine o de un café, la posibilidad de practicar ejercicio físico para crear redes…  Se trata de huir del estigma de la soledad y de poder además crear nuevos roles que quizás en el pasado no tuvieron, de seres individuales y libres.

 

Envejecimiento y género

El contexto sociocultural, como hemos apuntado, incide en la desigualdad de género asociada al proceso de envejecimiento. La identidad de género construida a lo largo de la vida recibe el refuerzo de normas sociales que establecen expectativas de comportamiento diferentes para mujeres y hombres también en esta etapa.

Tenemos características sociodemográficas y de salud diferentes; estado de salud físico y mental, las diferencias en la morbilidad, mayor impacto del deterioro en la mujer por factores socioeconómicos y culturales…

El envejecimiento femenino está condicionado, entre otros factores, por una mayor probabilidad de enviudar que los hombres y por consiguiente, vivir un gran número de años en soledad. Cuentan con ingresos económicos menores, dado que son receptoras de pensiones no contributivas, al no haber cotizado el tiempo exigido para alcanzar las prestaciones del nivel contributivo. Los ingresos de las mujeres mayores tras su jubilación se ven afectados además por la discriminación en políticas de empleo y salarios, en el caso de haber tenido un trabajo remunerado.

Por otro lado, el envejecimiento femenino también está condicionado por los cambios físicos que conlleva el envejecer, que en el caso de la mujer se convierten en estigmatizaciones que les afectan especialmente. Están encasilladas en cánones de juventud y belleza que se constituyen en requisitos para desenvolverse en la vida pública. Desde la perspectiva de envejecimiento diferencial el envejecimiento femenino está prejuiciado, ligado al deterioro o la pérdida de funciones, desvinculándose de la vida productiva.

Toda esta desigualdad de género asociada al proceso de envejecimiento pone de manifiesto la importancia de desarrollar nuevos modelos con perspectiva de género que promuevan los valores igualitarios y reconozcan el importante papel de las mujeres mayores en la sociedad.

En ese sentido, un concepto clave va a ser el de madurescencia, un fenómeno emergente que conduce a que la vejez de las mujeres se entienda actualmente de una forma muy distinta a como se hacía hace algunos años: como una oportunidad para la reelaboración identitaria, que seguramente en el caso de muchas mujeres durante años quedó relegada para dedicarse al cuidado del resto de miembros de la familia.

 

Cómo afrontar y cambiar el envejecimiento femenino

La protección de los derechos de las personas mayores demanda soportes y políticas sociales adicionales, y en el caso de las mujeres mayores se exige un esfuerzo adicional, puesto que además de la discriminación por razón de la edad, deben enfrentarse a las derivadas del género.

La exigencia de la sociedad hacia la mujer de mantener una imagen atractiva que se asimila a la juventud propicia por ejemplo que los referentes mediáticos de las mujeres mayores difundan una imagen física que no se corresponde con los cambios biológicos que se producen con el progreso del tiempo, tal y como apuntaba el Informe sobre las Mujeres Mayores en España que el Imserso publicó en 2011.

Por otro lado, es necesario revisar la imagen de fragilidad y de necesidad de cuidados, que es la que más ha calado en nuestra sociedad, y dejar de pensar que el cuidado del hogar y el mantenimiento del rol tradicional de amas de casa forman parte ineludible de la experiencia de la mujer en la vejez, para añadir nuevos roles de amigas, parejas o compañeras de ocio.

Nuestra sociedad tendrá que asumir el reto y el diseño de políticas de mayores distintas, teniendo en cuenta lo que va a suponer la incorporación de una nueva generación de jubiladas que exigirán un enfoque distinto en el empoderamiento de la mujer mayor. Las siguientes generaciones serán mujeres más formada, con una vida laboral fuera del hogar, con acceso a las nuevas tecnologías y con un reparto de roles dentro del hogar definido desde antes de acceder a la jubilación.

 

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Foto de eberhard grossgasteiger

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