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EL GÉNERO EN ÁFRICA: FLUIDEZ Y EDAD COMO ELEMENTOS CLAVE

Por Carmen V. Valiña, doctora en historia contemporánea y directora de PeriFéricas. Puedes conocer más en profundidad su trabajo en http://www.carmenvvalina.es/

 

Las investigadoras feministas occidentales asumían, hasta hace pocas décadas, que el género es el modelo esencial para explicar la subordinación de las mujeres de todo el mundo, pues entendían que tanto la categoría “mujer” como su subordinación son universales. Sin embargo, la realidad del género en África es notablemente diferente e implica poner en tela de juicio tal afirmación. La dificultad de aplicar conceptos feministas para expresar y analizar las realidades africanas es el reto principal de los estudios africanos de género, que intentan superar las dicotomías masculino/femenino, hombre/mujer del feminismo occidental para crear sus propios conceptos y metodologías.

 

¿Cómo huir de la perspectiva occidentalocéntrica?

La realidad africana tiene categorías e instituciones sociales imposibles de explicar simplemente en base a las dicotomías de género occidentales. Tomemos como ejemplo los casos de hijas masculinas o esposos femeninos de la sociedad Igbo, analizados por la antropóloga Ifi Amaduime, o el estatus patriarcal de ciertas mujeres en los Shona. En el mismo colectivo de los Shona existían también las mujeres consideradas “hombres de honor”, a las que se debía mostrar respeto como a un padre. En otros grupos se habla de las “mujeres marido”, con derechos muy similares a los varones. Además, en el caso de las sociedades tradicionales africanas, la vejez significa que después del periodo reproductivo y de responsabilidades domésticas se accede a un prestigio social y moral, lo cual hace que la edad sea un elemento fundamental para definir su estatus dentro del grupo.

Todos estos ejemplos desafían frontalmente a los universalismos de los discursos feministas de género y muestran la fluidez propia de las relaciones personales africanas, que no descansan en el tipo de cuerpo sino en categorías mucho más amplias y no estáticas, sino dependientes del contexto y situación. Por tanto, en el contexto africano el género ha de entenderse como una categoría construida social y culturalmente, que evoluciona con el tiempo y que no puede definirse como una lucha entre opuestos masculino-femenino. Cada mujer puede tener diferentes “géneros” a lo largo de su ciclo de vida, y el género variará según los contextos históricos, sociales y políticos.

Otro error frecuente a la hora de aproximarse a la lucha de las mujeres africanas es considerar que esta lucha se originó por contacto con los colonizadores occidentales. Nada más lejos de la realidad: ya en tiempos precoloniales, las africanas tenían una extensa historia de movilizaciones, que siguieron fomentando con su activa lucha contra las potencias ocupantes. Entre las mujeres que transformaron sus sociedades en tiempos precoloniales se encuentran Nehanda, en Zimbabwe, Nzinga en Angola o Nana Asantewa, en Ghana. Son muchas las autoras que han considerado que la conquista europea de África, lejos de fomentar el activismo femenino, como generalmente se cree, incrementó las desigualdades entre sexos. Con la colonización, los hombres pasaron a asociarse con funciones de poder y autoridad que antes podían llegar a detentar las mujeres. Los trabajos que atraían los salarios, como el ejército, la policía o el funcionariado, fueron fundamentalmente para los varones, proporcionándoles así más recursos económicos; por otro lado, el sistema escolar empezó a preparar únicamente a los hombres para esas tareas, y las políticas de reformas de la tierra también les favorecieron, como sucedió con las regulaciones de propiedad en la Kenia de los años cincuenta. De esta manera se fue desarrollando una división de esferas (ellos como ganadores del sustento familiar, ellos como guardianas del hogar) que convirtió a muchas mujeres en dependientes del salario de sus esposos.

Un libro supone el hito fundamental para el replanteamiento del concepto de género en África: se trata de The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses, publicado por Oyeronke Oyewumi en 1997. Lo que la autora nigeriana niega en él es que el género sea una categoría social fundamental para todas las culturas, tal y como afirmaban las feministas occidentales. Tomando el ejemplo de las Oyo-Yoruba, en Nigeria occidental, afirma que hay colectivos para los que el género no ha sido históricamente un principio organizativo fundamental sin que, por el contrario, entre los Yoruba lo que prima es el concepto de “seniority”, entendido tanto en el sentido de diferencia de edad cronológica como en el de relación más o menos estrecha de parentesco.

¿Cómo lograr un concepto de género más ajustado a la realidad africana? Se hace imprescindible trabajar con entrevistas, estudios de prácticas socio-culturales, recogida de mitos, proverbios y cuentos en los que aparezca el rico repertorio de filosofías tradicionales e ideologías de género en las sociedades del continente. La investigación en torno a la producción literaria femenina también es una rica fuente para comprender cómo las propias protagonistas entienden el género desde su propia perspectiva y eliminar los sesgos occidentales que todavía se puedan seguir manteniendo.

 

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Fotografía de Etty Fidele en Unsplash

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