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¿QUÉ ES Y QUÉ PROPONE LA ECONOMÍA FEMINISTA?

Por Daniela Sansón, economista, especialista en Economía feminista y Máster en Estudios de las Mujeres y de Género.

Antes de hablar sobre economía de género/ feminista y todo lo que estudia, es pertinente entender la naturaleza patriarcal de la ciencia económica convencional y del sistema económico, puesto que de no serlo la crítica y visión feminista de la economía no tendría sentido. La economía como la entendemos ahora, constituida como ciencia y disciplina, aparece en 1776 con la obra Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones de Adam Smith, el llamado “padre de la economía”. La obra del escocés sentaría las bases de los postulados elementales de la economía ortodoxa utilizados hasta la actualidad.

Para Smith, y desde él en general para la economía ortodoxa, se da por hecho la naturaleza egoísta del individuo, y es gracias a ello que el sistema económico capitalista funciona. Esta asunción ontológica derivó en lo que ahora es uno de los supuestos básicos de la economía neoclásica, el llamado homo economicus, concepto que modeliza el comportamiento de un individuo “perfectamente racional”. La encarnación más cercana a un homo economicus es un “ser humano varón, blanco, adulto, sano”. Ante esto, una mirada feminista nos revela que el homo economicus no explica los comportamientos humanos, sino que idealiza un individuo que encaja en la teoría de la economía dominante y que responde a los intereses de los sistemas de dominación patriarcal y colonial.

A partir de las aportaciones de Smith, la ciencia económica ortodoxa ha intentado acercarse cada vez más a las “ciencias duras y/o exactas” bajo el argumento de que el sistema económico es autónomo y funciona mejor con menor intervención; eliminando paulatinamente el contenido social y humano se aspira a alcanzar el equilibrio ideal del mercado. Esa absurda aspiración a la cientificidad se ha traducido en la paulatina tecnificación cuantitativa de la economía. Lo relevante es lo cuantificable, el crecimiento eterno e ininterrumpido de los mercados y los beneficios privados. En los hechos, esto se ha traducido en el esfuerzo por desaparecer toda forma de organización económica y social que caiga fuera de la forma ideal del mercado capitalista occidental.

 

¿Cómo desafía la economía feminista a este modelo?

Durante la tercera ola del feminismo, a partir de los años 70 del siglo XX, el pensamiento feminista aunado con la tradición marxista comenzó a desentrañar la economía política del género, sobre todo con debates como el considerar trabajo al quehacer doméstico y comprobar cómo el sistema capitalista en conjunción con el patriarcado se beneficia del trabajo femenino.

Tras años trabajando cada vez con más ahínco en tales cuestiones, finalmente en la década de 1990 los términos economía de género/ feminista aparecen y puede identificarse formalmente como un nuevo campo interdisciplinario en el mundo académico, el cual vincula los estudios de género/ de las mujeres/ feministas con la ciencia económica. Esto se manifestó formalmente con la creación de la International Association of Feminist Economics (IAFFE) en 1992 y de la revista Feminist Economics en 1995. Desde entonces han surgido más asociaciones, revistas, colectivos de mujeres y economistas feministas cuya labor ha sido trascendental para que hoy en día la economía de género/ feminista esté en boga y encontremos en las agendas públicas nacionales e internacional los temas y problemáticas que le ocupan.

Decimos que la economía de género/ feminista es una interdisciplina, puesto que no se puede considerar una teoría o vertiente del pensamiento feminista, sino que es el uso de las teorías feministas y de la perspectiva de género para hacer ciencia, teoría y análisis económicos. Por tato, implica no solo conocer o saber sobre ciencia económica o hablar solo de economía, sino también de pensamiento feminista, estudios de género, estudios de las mujeres e incluso de otras ciencias o disciplinas sociales y humanísticas. Desde su surgimiento, podemos identificar que no existe una sola perspectiva dentro de la economía de género/ feminista. Pérez Orozco propone tres vertientes principales: la economía de género, la economía feminista de la conciliación y la economía feminista de la ruptura. Dentro de cada vertiente encontramos distintas autoras y lo que las identifica son las bases teóricas de las que parten para realizar sus propuestas y análisis.

La economía de género/ feminista desde sus antecedentes hasta sus debates más recientes es fiel testimonio de que las mujeres siempre han sido parte del pensamiento económico y del sistema económico. El problema es que dicha realidad se invisibilizó durante siglos, dado que la ciencia económica ha sido una de las ciencias sociales más reticentes, sino la que más, en aceptar la incorporación de la perspectiva feminista en sus postulados. A pesar de que la economía de género/ feminista es una teoría económica con cada vez más auge dentro de los discursos de los movimientos sociales feministas y ecologistas, instituciones internacionales y organizaciones no gubernamentales, sigue sin estar plenamente incorporada en el bagaje teórico de los economistas que tienen mayor poder de decisión y dirección; la razón es la obvia y evidente: esos mismos economistas y las teorías económicas que promulgan quieren prolongar el statu quo. A pesar de ello, o mejor dicho, con mayor razón, la necesidad apremiante de construcción de alternativas fuera de los cánones y posiciones de poder hegemónico, con objetivos utópicos pero medidas cotidianamente realizables, nos exige a quienes estamos comprometidas y comprometidos con el cambio social a incorporar en nuestro marco de pensamiento y actuación las propuestas de la teoría económica feminista.
Lo anterior también nos invita a reflexionar sobre la relevancia de la producción de teoría económica, porque al final la ciencia económica es la que diseña, dirige y justifica el sistema que rige nuestra vida material cotidiana.

Formarnos y continuar desarrollando una teoría económica feminista que incorpore las características del sistema que queremos alcanzar es imprescindible para canalizar nuestras reivindicaciones y la energía de los movimientos sociales que desean transformar nuestra realidad material en beneficio de todas y todos. Se trata, en última instancia, de poner en práctica la construcción colectiva de la ciencia económica en general, de la dirección que debe tomar la economía feminista en particular, y de cómo sería la organización social que permita la satisfacción de las condiciones materiales necesarias para cuidar de todas las formas de vida del planeta.

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Foto de NeONBRAND en Unsplash

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