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¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE EL FEMINISMO HEGEMÓNICO Y EL FEMINISMO DESCOLONIAL?

Por Carmen V. Valiña. Creadora y directora de periFéricas. Doctora en Historia Contemporánea. www.carmenvvalina.es 

 

En el artículo de hoy ahondaremos en una de las distinciones que para nosotras es clave al a hora de entender la concepción de los feminismos, sobre todo en su vertiente más actual, en un contexto de globalización y constantes intercambios entre sociedades. Nos referimos a la diferencia entre feminismo hegemónico y feminismo descolonial o, mejor dicho, feminismos descoloniales, en plural. ¿Cuáles son las principales características de ambos? ¿Cómo cuestionan los segundos la vigencia de los primeros? ¿En qué contexto surgen unos y otros?

 

El feminismo hegemónico

 

Hasta los años setenta del siglo XX, la corriente imperante de feminismo, que dominaba el discurso académico y el debate social y se consideraba universal y aplicable a cualquier contexto, tenía en realidad un modelo femenino muy definido: mujeres blancas, urbanas, de clase media o alta y occidentales. Ese prototipo era, por ejemplo, el de las amas de casa estadounidenses aburridas de su vida doméstica que retrató Betty Friedan en La mística de la femineidad, una de las obras clave del denominado Feminismo de la Segunda Ola.

 

Este feminismo hegemónico pivotaba en torno al concepto de “género”, vinculándolo con una base aparentemente simple y real, la diferencia entre mujeres y varones. Según dicha concepción, las mujeres aparecían siempre como un grupo homogéneo y compacto, con intereses comunes y definido básicamente en base a la opresión que sufrían. Sin embargo, no tenía en cuenta que las circunstancias concretas de cada grupo de mujeres influye directamente en cómo la femineidad se construye en relación con la masculinidad: poco tiene que ver la experiencia de una mujer negra de clase baja en un suburbio de una ciudad de Texas con la de una abogada blanca de la élite neoyorkina. Sus relaciones laborales, sociales y personales con los hombres difícilmente vendrán marcadas por los mismos condicionantes, y ello es algo que el feminismo hegemónico, al no considerar diferencias de perfiles más allá de su prototipo, no podía tener en cuenta.

 

En suma, y bajo la apariencia de un supuesto carácter universal, que acogía en su seno a todas las mujeres, la identidad occidental (europeo-norteamericana, y además blanca, urbana, de clase media o alta) era la dominante en ese feminismo hegemónico. En consecuencia, las identidades que se movían fuera de ese restrictivo marco eran ignoradas, cuando no vapuleadas o directamente criticadas. Por tanto, a pesar de su carácter innovador y de la importancia histórico que tuvo para el desarrollo de los derechos femeninos en Occidente, el feminismo hegemónico se basó en unos mecanismos de exclusión que, lejos de ser inocentes, perpetuaban nociones de poder y superioridad sobre gran parte de las mujeres del mundo.

 

feminismos hegemónicos, feminismos descoloniales

 

El feminismo descolonial

 

En los años 70 del siglo XX, el feminismo comienza a cuestionar que el único modelo válido de lucha por los derechos femeninos sea el de las mujeres occidentales, blancas, laicas, de clase media.

El sujeto empieza a definirse como múltiple, en base a los distintos orígenes, religiones o razas. Ello lleva a plantearse cuestiones como las siguientes: ¿cómo influye el racismo a la hora de construir la experiencia de género? ¿Es posible ser practicante de una religión y feminista? ¿Qué hay de las inmigrantes, obreras o de las madres solteras, pueden verse reflejadas en un modelo pretendidamente “universal” de feminismo?

El contexto en el que surgen los feminismos decoloniales, también llamados “de los márgenes” o “de la tercera ola”, es el de una ruptura con la idea de lo común, de la supuesta existencia de una comunidad femenina con intereses compartidos, pues las diferencias religiosas, de clase, nacionales, raciales, etc. son a menudo escenario de conflictos y origen de maneras muy distintas de entender la lucha por sus derechos. Muchas autoras comienzan a criticar las complicidades del feminismo hegemónico con discursos racistas o elitistas que no recogían sus preocupaciones ni reivindicaciones. Teniendo en cuenta que hablamos de corrientes que nacen fuera de los epicentros económicos y de decisión del mundo, y son lideradas por mujeres que hasta entonces no habían sido apenas tenidas en cuenta en los discursos hegemónicos, los feminismos descoloniales también acostumbran presentarse bajo la etiqueta de “feminismo periférico”.

Dentro de su notable variedad, existen una serie de características comunes que comparten todos ellos, y que claramente marcan una diferencia respecto al feminismo hegemónico. La fundamental es que todas estas corrientes definen nuevos modelos de mujer y proponen nuevas líneas de pensamiento que tengan en cuenta la variedad de razas, religiones, orientaciones sexuales, orígenes nacionales, etc. En ese sentido, ponen sobre el tapete cuestiones vinculadas a la identidad, la subjetividad, el racismo o la clase social, temas que nunca habían aparecido en el feminismo hegemónico o lo habían hecho de forma muy marginal, si tenemos en cuenta que este abogaba por un único modelo de mujer, como vimos.

 

feminismo hegemónico

 

El hecho de que los feminismos descoloniales consideren la frontera como una categoría clave, que permite recoger la condición marginal y diferenciada de muchas mujeres que no se sienten representadas en las corrientes mayoritarias creadas desde Europa o Estados Unidos, casa también con su definición de feminismo periférico, al igual que su oposición al capitalismo y globalización dominantes, por entender que ambos fomentan un nuevo tipo de colonización hacia las regiones del mundo más dependientes de las grandes potencias, al tiempo que eliminan las particularidades de cada contexto cultural, religioso y social. Ello conduce, por supuesto, al reconocimiento de la alteridad: el sujeto del feminismo deja de ser único y se convierte en múltiple y cambiante. No existe el sujeto “mujer”, sino las “mujeres”, hibridadas, mestizas, cruzadas.  Esa hibridación se produce tanto entre mujeres de diferentes latitudes como dentro de las propias sociedades occidentales hasta entonces consideradas tan homogéneas: aparece en ellas la necesidad de reconocer las experiencias de las mujeres rurales, obreras, lesbianas o de las trabajadoras sexuales. Donde antes aparecía un lienzo de un solo color, ahora el resultado es todo un mosaico de realidades.

Las consecuencias del surgimiento de los feminismos descoloniales son ambivalentes: por un lado, la entrada de nuevos sujetos y realidades enriquece enormemente su discurso; por otro, sin embargo, surgen miedos hacia una excesiva fragmentación del movimiento y se cuestiona su solidez. ¿No existe ningún universal que pueda decirse sobre todas las mujeres del mundo? El debate es enormemente desafiante y está lejos de tener un punto y final…

 

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