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LOS DEBATES SOBRE LA LACTANCIA MATERNA EN EL FEMINISMO

Por Dunia Alzard Cerezo, doctora en Estudios Feministas y de Género y profesora de PeriFéricas.

 

Históricamente, la lactancia materna siempre ha sido objeto de debate, de opinión y de crítica social, defendida a ultranza desde múltiples discursos desarrollados por grandes expertos del ámbito de la medicina, la pediatría, de la política o de la moralidad, de la filosofía, la ecología o incluso de la publicidad.
La lactancia materna ha sido naturalizada hasta el punto de considerarse un ejercicio específico e inexcusable de la maternidad, generando, incluso, fuertes presiones y exigencias en torno a la libertad de las mujeres que deciden alimentar a sus bebés.

 

¿Qué es la lactancia materna?

 

La lactancia es ante todo una práctica ligada a la cualidad del parto, con una función nutricia intrínseca al cuerpo de las mujeres. Es un ejercicio que solo desde el siglo XIX en adelante encuentra alternativas capaces de sustituirlo. Pero al mismo tiempo, debemos entenderla como una institución clave para la configuración de la cultura y de la sociedad. Esta capacidad e institución, a lo largo de los diferentes períodos históricos, ha estado vinculada al binomio maternidad-lactación, naturalizado hasta el punto de convertirse en la obligación que toda “buena” madre debía tener para con sus criaturas. A la par, la leche materna ha sido asociada a valores y cualidades que legitimaron la presión sobre su práctica. No obstante, entender la lactancia materna como institución determina que podamos hablar de diferentes prácticas, así como de diferentes situaciones sociales y de clase en torno a esta.
En este aspecto, “dar el pecho” se asocia a una normatividad moral que afecta a todas las mujeres en cuanto a la construcción de la figura de la “buena” madre se refiere, y a la libertad de las mujeres de poder decidir amamantar o no. Y es que, considerar este ejercicio como un hecho específicamente femenino, y natural, supone que la responsabilidad ante el cuidado sea una cuestión ligada íntimamente a las mujeres.

 

Posturas sobre la lactancia materna

 

La Organización Mundial de la Salud , OMS, recomienda la lactancia materna los dos primeros años o más de la vida del bebé, debiendo ser exclusiva durante los primeros seis meses. Teniendo en cuenta estas prerrogativas, el discurso dominante sobre la lactancia se centra en exclusiva en la lactancia materna como el mejor alimento de las y los bebés. Y es que, actualmente, desde las instituciones se está apostando por apoyar y fomentar la lactancia materna exclusiva mediante la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN), lanzada por la OMS y UNICEF para animar a los hospitales, servicios de salud, y en particular las salas de maternidad a adoptar las prácticas que protejan, promuevan y apoyen la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento.
Podríamos afirmar que el peso de este tipo de posturas, al estar apoyadas por las instituciones estatales y médicas, hace que se conviertan en incuestionables. Pero al mismo tiempo que se exige la lactancia prolongada y casi en exclusiva hasta los dos años, las políticas de conciliación prácticamente brillan por su ausencia, de manera que nos enfrentamos a una exigencia de suma peligrosidad para la igualdad de derechos de las mujeres, puesto que, finalmente muchas de ellas acaban optando por aplicar este tipo de exigencias aceptando vidas privadas, privadas de vida.
En este sentido, cabe reconocer que la postura de más peso responde a las exigencias hegemónicas prolactancia. Aquellas mujeres que no quieren dar el pecho o que se ven presionadas por tener que responder ante el discurso dominante, sufren tal presión y exigencias que convierten la crítica en un tabú sumamente restrictivo.

 

La lactancia materna desde una perspectiva feminista

 

Activistas feministas como Beatriz Gimeno se han postulado en contra (literalmente), de la lactancia materna, alegando que se ha convertido en una de las mayores esclavitudes para las mujeres del siglo XXI. Ciertamente, si tenemos en cuenta las exigencias del discurso y la falta de compatibilidades con la vida real, no solo la lactancia materna exclusiva y prolongada puede ser vista como una fuente de opresión para las mujeres que deciden ser madres, sino también como una exigencia neoliberal cuando la finalidad política de esta fomenta la reclusión femenina a la domesticidad y a la mística de la maternidad.
Por ello, desde una perspectiva feminista la lactancia materna debería ser una cuestión sobre la que las mujeres pueden decidir libremente, y no ligada a los discursos y exigencias políticas generadas por los grandes expertos institucionales de todo contexto histórico. Cometido del movimiento feminista es ser críticas y combativas contra toda aquella práctica que fomente la opresión, la falta de libertades y el acceso a la igualdad de oportunidades de las mujeres.

El 4 de marzo comienza el curso online “Maternidad: discursos y mitos”, impartido por Dunia Alzard, autora del artículo, en el que reflexionaremos sobre esta y otras muchas cuestiones vinculadas a los roles de “buena” y “mala” madre. Puedes matricularte aquí: https://perifericas.es/cursos/maternidad-discursos-y-mitos/.

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