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¿CÓMO EL TRABAJO DE CUIDADOS SE RELACIONA CON EL ECOFEMINISMO?

Por Daniela Sansón, economista, especialista en Economía feminista y Máster en Estudios de las Mujeres y de Género.

 

La interseccionalidad (motivos culturales, raciales, religiosos, étnicos, edad, etc.) genera las condiciones para que la posición y condición desfavorable de las mujeres en muchas regiones del mundo sea determinante para que sean las primeras afectadas por los problemas ecológicos. Por ejemplo, se han estudiado los motivos por los que ellas y los niños tienen 14 veces más posibilidades de morir durante los desastres naturales, cada vez más comunes ante el cambio climático: que a ellas no se les enseña a nadar, la ropa impeditiva, el no poder salir de sus casas solas, no poder trepar, etc.

Sin embargo, más allá de las prohibiciones de género dentro de las distintas culturas, e incluso del aspecto biológico, la asignación histórica de ciertos trabajos dentro del sistema patriarcal coloca a las mujeres en una situación en común ante la crisis ecológica, la de llevar a cabo el trabajo doméstico y de cuidados. Mariarosa Dalla Costa, feminista italiana, y Selma James, feminista estadounidense, escribieron El poder de la mujer y la subversión de la comunidad en 1973. Tal libro inaugura el debate en torno al trabajo doméstico, explicando que el funcionamiento del capitalismo depende del trabajo realizado por las mujeres en el espacio doméstico, puesto que es el trabajo reproductor de las personas mismas que constituyen la clase obrera. Desde entonces, el feminismo ha abordado el tema de la limitación del concepto convencional de trabajo, que ve como improductivo y sin valor todo el trabajo históricamente designado a las mujeres, mientras que al trabajo masculino se le considera productivo y con valor.

A tal designación diferenciada se la comenzó a denominar “división sexual del trabajo”. El feminismo reclamaba así desde la década de los setentas que el trabajo reproductivo y doméstico es indispensable pero ha sido convenientemente invisibilizado. Sin ser pagado ni valorado mantiene vivas y saludables a las personas y sin tal trabajo no habría obreros que trabajasen para el mercado capitalista, además de que coloca a los hombres en el privilegio de tener trabajo gratuito a su servicio solo por el mero hecho de ser varones.

Las mujeres como cuidadoras de toda la sociedad

Es entonces que hacia la década de los noventas, Sue Himmelweit propuso que se dejase atrás la dicotomía del trabajo/no trabajo, trabajo masculino/trabajo femenino, argumentando que la experiencia femenina no solo radicaba en realizar el trabajo que “no realizaban los hombres” sino que además del trabajo doméstico (limpieza, alimentación, gestión de un hogar, etc.) las mujeres realizan trabajo de cuidados (criar, cuidar a personas enfermas, mayores, dependientes e incluso sanas) con componentes emocionales y subjetivos. Varias autoras más lo siguieron abordando, denominándolo incluso “economía del cuidado”, dando a entender con esto que una sociedad tiene un arreglo u organización para cuidar a sus integrantes y que de todo ello depende el bienestar de la población; y no solo eso, sino que estas autoras le dan una importancia mayor que al mismo trabajo mercantil y a la economía de mercado, puesto que sin la economía de los cuidados lo demás no podría sostenerse.

Aunado a ello, el ecofeminismo también ha ampliado el entendimiento del cuidado, puesto que considera que no solo las personas son objeto del trabajo de cuidados sino todas las formas de vida, y que su mantenimiento y reproducción implica un trabajo que cuide el buen funcionamiento del sistema Tierra. Por tanto, las mujeres, al estar a cargo del trabajo que vela por la salud, alimentación y bienestar general de los individuos, son las primeras en verse afectadas por los efectos que la crisis ecológica está teniendo a nivel global. A pesar de que en todos los países ellas tienen mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados, en el Sur global y sobre todo en las zonas rurales, las condiciones materiales para realizar dichos trabajos son precarias, y deben desempeñar labores que las acercan aún más de forma inmediata al sistema Tierra, como sucede con el acarreo de agua, la producción de alimentos de autoconsumo o la recolección. De ahí, también, la estrecha relación de lo femenino con la  Pachamama.

 

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