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CUERPOS Y EXPERIENCIAS: VISIBILIZANDO A LAS MUJERES EN LA HISTORIA

Por Sara Casamayor, doctora en historia y especialista en Historia de las Mujeres y de las Relaciones de Género. Ha participado en diversas excavaciones y realizado labores de prospección arqueológica centradas en las mujeres de la antigua Roma

 

Dentro de la amplia variedad de temas que pueden investigarse acerca de la construcción de la categoría género en las sociedades pasadas, la mayor parte de los trabajos historiográficos se han centrado hasta el momento en tres aspectos: los cuerpos, los roles y las experiencias. Veamos cómo podemos abordar la Historia de Género en estos tres ámbitos:

El cuerpo representa un aspecto fundamental al estudiar las relaciones de género en perspectiva histórica. En las sociedades patriarcales, se ha asignado a las mujeres unas características y roles concretos en base a su cuerpo; no podemos olvidar que la propia concepción de patriarcado se asienta sobre una división binaria de la humanidad de acuerdo a supuestos biológicos.

La maternidad se configuró en las sociedades patriarcales como la función primordial de las mujeres, a las que además se ha sometido a unos estándares de belleza que en ocasiones acarrean consecuencias para la salud (pensemos en los zapatos para pies de loto o en los corsés). El cuerpo femenino también ha sido entendido a menudo como objeto para satisfacción de la sexualidad de los varones, y las supuestas cualidades psicológicas y morales inherentes a lo femenino han servido para excluir a la mitad de la población de los asuntos públicos o la participación en labores que requerían recibir una educación superior e interiorizar conceptos complejos.

A través de la práctica arqueológica el cuerpo puede convertirse en un tema que ayuda a visibilizar a las mujeres y a acercarnos a sus condiciones de vida. Por ejemplo, la aparición de los restos óseos de Lucy obliga a incluir a una hembra en el panorama de la evolución. Los restos óseos han servido también para acceder a las actividades realizadas por y a las condiciones de vida de las mujeres. Por ejemplo, el desgaste dental diferencial encontrado en la necrópolis mesolítica de Skateholm (Suecia) ha llevado a interpretar que las mujeres de dicha sociedad empleaban los dientes para alguna labor concreta además de la actividad masticatoria, al contrario de los hombres. El análisis de los dientes también ha servido para indicar diferencias en la dieta. Además es posible, gracias a la arqueología, detectar diferencias en las dietas de los esqueletos femeninos jóvenes y seniles, lo que ha sido relacionado con la idea de que a las jóvenes se les exigía tener una dieta moderada que favoreciese la salud y evitase el aumento de peso, mientras que en las ancianas estas restricciones ya no se considerarían necesarias.

¿Cómo acercarse a los roles de género en el pasado?

Otro de los temas clave de la Historia de Género ha sido desvelar la forma en la que fueron construidos los roles de género en las sociedades pasadas y cómo éstos afectaron al día a día de las mujeres. Entre estos roles, sin duda los más estudiados han sido los relativos a la familia y la domesticidad. Actualmente poseemos una ingente bibliografía acerca de cómo en las sociedades pasadas las mujeres ejercieron como madres y esposas, así como de garantes de la transmisión de la memoria familiar. También abundan los estudios acerca de cómo opusieron resistencia a estos roles que les fueron asignados, cuáles fueron los mecanismos de interiorización de estos roles, qué explicaciones filosóficas y científicas emplearon los varones para justificarlos, o cómo fueron adaptándose en el tiempo y el espacio. Hablar de los roles tradicionalmente asignados a las mujeres ha servido para dar visibilidad histórica a tareas que les fueron asignadas y que por tratarse de actividades “femeninas” no habían sido consideradas hasta hace unos años desde una perspectiva historiográfica: cocinado, tejido, cuidados…

El tercero de estos temas principales a la hora de reconstruir una Historia en la que ellas están presentes es el de las experiencias. Para ello, las investigaciones desde una perspectiva de género han ahondado en la participación femenina en los asuntos públicos, los procesos políticos y los avances científicos y sociales, pero también han rescatado las opiniones de las propias mujeres en lo que respecta a ellas mismas, a otras personas o a su contexto histórico mediante cartas, diarios, obras literarias, etc. Dentro de las experiencias femeninas en la Historia, podemos hablar también de su relación con espacios propiamente femeninos (cárceles, harenes, santuarios y templos de acceso exclusivo a mujeres…), o de sus vivencias como viajeras, religiosas, etc., cuestiones ambas que hasta hace muy pocos años no habían estado presentes en el debate historiográfico, pero que ya es hora de recuperar y poner en valor.

 

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