GÉNERO E IDENTIDAD EN CULTURAS NO OCCIDENTALES

GÉNERO E IDENTIDAD EN CULTURAS NO OCCIDENTALES

Por Alba Tamara Gómez, licenciada en Economía, técnica de personas y generación de talento

La visión occidental ha insistido en un modelo de género estrictamente binario (hombre/mujer) que se correlaciona directamente con el sexo biológico. Esta perspectiva ha sido utilizada como una norma universal para interpretar y juzgar o invisibilizar todas las demás identidades culturales.

En contraposición, muchas tradiciones no occidentales han reconocido la existencia de un tercer género o identidades de género fluidas desde hace milenios, que han sido plasmadas en su arte y mitología. Estas representaciones evidencian documentalmente la pluralidad de estas culturas y como estas sacralizan, integran socialmente y elevan a estados mitológicos y ceremoniales a figuras duales. Todo ello nos permite entender que el género binario rígido y sus estereotipos visuales son una imposición cultural occidental y no un universal humano. El impacto de la colonización fue devastador y la imposición del modelo de género occidental supuso una estrategia activa de dominación y control sobre dichas culturas. 

Antes de la colonización, muchas naciones indígenas en Norteamérica, se estima que más de 130 tribus, reconocían individuos que encarnaban los espíritus de ambos géneros (masculino y femenino, o a veces otros espíritus complementarios) dentro de un solo cuerpo, considerándolo un don sagrado. Las personas Dos Espíritus no eran marginadas, sino que, al contrario, su habilidad para ver el mundo de forma dual los convertía en personajes esenciales en sus comunidades y roles que requerían una combinación única de habilidades. Eran frecuentemente chamanes, curanderos, portadores de tradiciones orales o líderes ceremoniales (como en la Danza del Sol). Asimismo, las relaciones entre Dos Espíritus y miembros de su mismo sexo biológico eran comunes y a menudo se consideraban ventajosas o de buen augurio. Incluso en su vestimenta combinaban artículos tradicionalmente masculinos (como armas o herramientas de caza) con artículos femeninos (como faldas o adornos). Esto era una manifestación de su dualidad, no un disfraz.

En la visión andina el cosmos (Pacha) surge de la unión complementaria de opuestos. Los roles sociales y laborales se dividían de manera complementaria (yanantin) siendo considerados de igual valor e importancia para la supervivencia del ayllu (comunidad). La identidad Kariwarmi refleja esta unidad perfecta. Además, estas culturas andinas incluyen representaciones de sexualidad y género que resisten la moral occidental, consideradas sagradas y necesarias para la fertilidad y la conexión con el plano divino.

Por su parte, las culturas mesoamericanas basaron su cosmovisión en una profunda y omnipresente noción de dualidad complementaria. Mientras que Ometéotl, la deidad suprema mexica, es el ejemplo más claro de la creación andrógina; Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada que es eje central en varias culturas, representa múltiples dualidades, incluyendo las de género.

 

En el hinduismo, muchos dioses y figuras clave encarnan una profunda y compleja dualidad, que a menudo trasciende las categorías binarias de género que son rígidas en la cultura occidental. El ejemplo más literal es Ardhanarishvara , una forma compuesta de Shiva y Parvati, representada como mitad hombre y mitad mujer, simbolizando la unidad de los principios masculino y femenino del universo. Sin embargo, esta fluidez no se limita solo a esa representación. Mohini es la forma femenina que adopta el dios Vishnu, uno de los dioses transcendentales del hinduismo (el preservador y protector del universo), quien para diversos propósitos sagrados cambia forma de género. Otro ejemplo es Shikhandi, un personaje central del Mahabharata, la obra literaria más larga del mundo y un pilar de la cultura hindú. Además, la comunidad de las Hijras, un tercer género con reconocimiento social y espiritual históricamente profundo, se asocia a menudo con deidades como Bahuchara Mata, diosa de la fertilidad y la castidad.

 

En varias culturas polinesias, existen identidades de género no binarias tradicionales como los Māhū en Hawai y Tahití o Fa'afafine en Samoa, que son asignadas al nacer o adoptadas.

 

En muchas culturas siberianas y del norte de Asia como los Evenks, Chukchis, Koryaks, y Yeniséis,  la capacidad de invertir el género es un signo de especial poder y destino chamánico y se representaba visualmente a través de la vestimenta cruzada. Al asumir la dualidad, el chamán manifestaba su capacidad para mediar entre los mundos de los vivos y el de los espíritus. El género del chamán, al encarnar lo opuesto, se convierte en un agente de equilibrio cósmico.

Muchas bodhisattvas, seres budistas iluminados que retrasan su propio Nirvana para ayudar a los demás, han cambiado de género en su representación visual a lo largo de los siglos (de figuras masculinas a figuras más femeninas), simbolizando la superación de la dualidad de la identidad mundana.


Finalmente,  mientras que la sociedad egipcia de la Antigüedad tendía a ser binaria en los roles sociales, sus deidades combinaban los géneros. El caso más representativo es el de Hapi, la deidad de la inundación anual del Nilo, un hombre desnudo y barbudo, de piel azul o verde (símbolos de agua y vegetación) que porta una gran barriga y senos caídos de mujer. Es decir, la suma de la fuerza generadora masculina (la inundación) y la capacidad de fertilidad y lactancia femenina la convierte en la fecundidad primordial misma. Hay que recodar que la inundación (y el limo fértil que traía) era la fuente de toda vida egipcia.


 

El género como herramienta de colonización

Las sociedades colonizadoras (principalmente españolas, portuguesas y británicas) establecieron una estricta jerarquía de género y sexualidad cristiana. Al llegar a las colonias, se encontraron identidades que desafiaban esta estructura; por lo tanto, utilizaron las prácticas de género fluido y las relaciones no heterosexuales como prueba de su barbarie y amoralidad, lo que se convirtió en una justificación para la violencia y la necesidad de "civilizar" a los pueblos originarios.

Las personas Dos Espíritus (originalmente designadas con términos ofensivos como berdache por los franceses) fueron activamente perseguidas, marginadas o forzadas a adoptar roles binarios, lo que llevó a la supresión de sus roles ceremoniales y sociales. Además, la mayor parte del arte que documentaba la pluralidad de género (objetos rituales, tallas, vestimenta ceremonial) fue destruido.

A través de diversos ejemplos hemos visto cómo muchas tradiciones visuales no occidentales utilizan el cuerpo y sus atributos (vestimenta, peinado, ornamentos) no para fijar el género, sino para representar el poder espiritual, la transformación o la fusión divina.

La imposición de un ideal estético y de género binario occidental se repite en todas las culturas ancestrales hasta prácticamente suplantar y, por supuesto, modificar las representaciones de deidades y tradiciones no occidentales y homogeneizar la diversidad a través de la lente simplificadora de la cultura popular occidental.

Las representaciones no occidentales nos obligan a sustituir la pregunta: ¿Es un hombre o una mujer? por ¿Qué rol cumple esta persona en el universo y la sociedad?

En este artículo seguimos ahondado en la influencia del colonialismo en la construcción del género en los contextos no occidentales: https://perifericas.es/blogs/blog/genero-colonialismo-y-modernidad

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.