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ARQUEOLOGÍA DE GÉNERO: INTERPRETAR EL PASADO EN CLAVE FEMINISTA

Por Sara Casamayor, doctora en historia y especialista en Historia de las Mujeres y de las Relaciones de Género. Ha participado en diversas excavaciones y realizado labores de prospección arqueológica centradas en las mujeres de la antigua Roma

La Arqueología de Género es aquella encargada de estudiar el registro arqueológico en clave de género. Esto significa que trata de extraer, a través de la materialidad de las sociedades pasadas, información acerca de cómo eran en ellas las relaciones entre hombres y mujeres. Esta disciplina surgió a finales del siglo XX, cuando algunas especialistas en Prehistoria comenzaron a preguntarse acerca del papel femenino en las sociedades pasadas y a plantearse que la pretendida neutralidad desde la que se había enseñado la Historia era en realidad una interpretación androcéntrica. Los primeros estudios en Arqueología de Género estuvieron ligados a la Antropología, y trataron de buscar paralelos etnográficos para analizar las relaciones de género en las sociedades paleolíticas. En las interpretaciones sobre el pasado realizadas hasta la aparición de esta tendencia arqueológica, los únicos papeles que jugaban las mujeres eran los de reproductoras y encargadas de los asuntos domésticos, quedando restringidas al ámbito privado; tareas que además eran consideradas “naturales” para ellas y por lo tanto no necesitaban de análisis histórico, ya que desde este punto de vista jamás influyeron en el desarrollo temporal de las sociedades.

 

Visibilizando a las arqueólogas profesionales y a las mujeres que nos precedieron

La Arqueología de Género persigue tres objetivos principales: visibilizar la experiencia femenina en las sociedades pasadas y analizar cómo fueron construidas en ellas las relaciones de género; poner fin al sesgo androcéntrico de la Arqueología como ciencia, tanto en lo que respecta a la práctica académica como a la educación y la divulgación y, finalmente, dar visibilidad a las arqueólogas como profesionales, poniendo en valor su trabajo y denunciando las situaciones discriminatorias que viven en el desarrollo de su actividad.

El estudio de los restos arqueológicos nos permite conocer a las sociedades que vivieron en el pasado. La información que proporcionan los objetos extraídos de las excavaciones resulta especialmente relevante en el caso de sociedades, como las paleolíticas, para las que no contamos con un registro escrito, ya que se trata del único modo en el que podemos acceder a ellas. En el caso de aquellas sociedades que ya contaban con una escritura, los análisis arqueológicos nos ayudan a contrastar, confirmar o desmentir lo transmitido por los textos, así como a acceder a ciertos comportamientos sociales y fenómenos históricos que nunca fueron puestos por escrito. En este sentido, no debemos olvidar que la mayor parte de los textos de todas las épocas pasadas fueron escritos por hombres pertenecientes a la élite social, y que por lo tanto realizaron una selección de temas acorde a sus intereses, los cuales condicionaron además la forma en la que transmitieron esos temas. La Arqueología de Género permite analizar los cuerpos, objetos y espacios arqueológicos de forma crítica, desvelando su relación con nuestras antepasadas, pero analizando también la construcción de la masculinidad y la existencia de terceros géneros.

La importancia de transmitir la arqueología desde una perspectiva de género

Dado su objetivo social, la práctica de una Arqueología Feminista tiene en cuenta que comunicar Arqueología es tan importante como investigar los yacimientos. Las ideas que como profesionales transmitimos desde la publicación, la enseñanza, la didáctica, la museística y la divulgación a la sociedad son las que forjan la concepción de las sociedades pasadas. La forma en la que se ha transmitido la Historia se encuentra llena de sesgos de género, clase, raza, etc. que también afectan a la forma en la que se interpreta el registro arqueológico y a cómo los objetos arqueológicos son percibidos por la sociedad. Contar y representar una Historia no veraz crea mitos que enraízan en el imaginario popular y que cuesta derribar, al tiempo que nos aleja de las sociedades que presentamos, generando desinterés hacia nuestro patrimonio y propiciando el mantenimiento de estereotipos y discriminaciones porque “forman parte de la tradición”. Por lo tanto, uno de los objetivos de la Arqueología de Género, desde que comenzó su andadura, ha sido poner fin a estos sesgos. A través del turismo, los yacimientos y museos arqueológicos son espacios de la memoria que evocan historias, personajes, objetos y hechos relevantes que influyen en la construcción y formación de identidades e imaginarios colectivos. Debido a ello, son lugares que fácilmente puede emplearse como medio de ideologización y reproducción de los valores dominantes. Los museos y yacimientos “democratizan” el conocimiento arqueológico, haciéndolo accesible fuera de los círculos científicos mediante un lenguaje escrito y audiovisual adaptado a todos los públicos. No obstante, desde su mismo principio se encuentran condicionados, ya que seleccionamos qué periodos, temas u objetos queremos mostrar, mientras que el resto son relegados al almacén, si bien el público no especializado percibe que lo que se muestra es todo lo que se sabe acerca del pasado, todo lo que fue.

Aplicar la perspectiva de género a la Arqueología, por lo tanto, supone estudiar y comunicar un pasado más veraz e igualitario, en el que están representadas todas las identidades de las sociedades pasadas. Supone, en definitiva, devolvernos la voz a las mujeres, las/os niñas/os, las personas con diversidad funcional, los pueblos indígenas…, sacándonos de una invisibilidad histórica obligada.

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